Carrerita de martes 28 de julio.
Carrerita de viernes 31 de julio.
Hoy sí me pegó la humedad; estaba a 80%. Desde que me ponía mi vestimenta para salir a correr, ya estaba sudando; eso, a pesar de que era antes de las 5:30 am.
Como la meta de mis corridas ahora es permanecer dentro del rango de 132 a 142 pulsaciones/minuto, mi zona aeróbica, en mi corrida tuve que caminar algunos transectos ya que mi frecuencia estaba arriba de las 150, entre ellos el final de la corrida. Cuando llegué a la esquina del Boulevard principal de la colonia y mi calle me acordé de mi amiga “la Verde”, así la bauticé yo, juvenil de una cachora espinosa del desierto de Sonora (Sceloporus magister).
Hace unos cuatro años, al final del verano, en una piedra de esa esquina ella tomaba el sol todos los días, precisamente a la hora en que yo pasaba en mi camino a la Granja de Perlas del Mar de Cortez. Las primeras veces que coincidimos, corría y se escondía entre las piedras, pero aprendió que yo pasaba por ahí todos los días y que, en definitiva, no era un riesgo para ella, así que dejó de esconderse. No sólo eso, dejaba que me acercara para decirle “Buenos días” y hasta tomarle algunas fotos.
La Verde (septiembre de 2022)
No sé qué pasó, pero de un día para otro dejó de asolearse ahí, pero la recuerdo cuando paso por ahí.
Generalmente la gente considera que los reptiles son como máquinas programadas que responden al ambiente en forma distintiva. La “Verde” me enseñó que no es el caso, pero hay otros muy buenos ejemplos, y mejor estudiados, aquí en el desierto de Sonora. Uno de ellos es el Monstruo de Gila (Heloderma suspectum), animal emblemático de esta región. En el ambiente del desierto con sus sequías y temperaturas extremas, la capacidad de supervivencia sería muy baja dependiendo solamente de patrones de acción fijos. Se requiere responder al ambiente con base en la experiencia de este entorno.
En estudios en ambientes controlados, esto se ha podido observar claramente. En experimentos en laberintos en T se observó que cuando se les expone a distintas fuentes de olores, el monstruo de Gila se orienta tridimensionalmente hacia los olores con los que ha formado una asociación de beneficio, ignorando las fuentes de olor con las que no tiene esa asociación. No sólo eso, sino que esa respuesta se ve modulada por la necesidad. Por ejemplo, si la fuente de olor es agua corriente, su estado de deshidratación modulará la intensidad de su respuesta; a mayor necesidad, su respuesta será más rápida y directa. Pero esto no es algo fijo, es variable. Por ejemplo, si el estado de deshidratación es leve, evitará las aguas en que detecte la presencia de sales con más de 10 partes por mil de salinidad. Si su requerimiento de agua no es tan alto, le da preferencia a las aguas que le representan un menor costo. Manejar el exceso de sal tendrá un costo metabólico. Si su estado de deshidratación es más severo, esto cambia, su tolerancia a aguas con salinidad alta aumenta; en este caso, la necesidad de agua es mayor que el costo de tratar con las sales. En el desierto, las fuentes de agua, donde la evaporación es alta, a menudo presentan una alta concentración de sales. Esto es muy importante, ya que en su medio esta forma de responder, recordando a qué huele un recurso, sus características y cómo localizarlo, minimiza los riesgos de exposición a la desecación y a los depredadores.
Pero no solo eso: en estudios de telemetría en el medio natural se ha observado que los monstruos de Gila tienen una magnífica memoria espaciotemporal. El monstruo de Gila tiene una alta fidelidad a refugios y madrigueras. Se ha observado que los machos pueden caminar distancias considerables en línea recta para regresar a madrigueras concretas donde saben que hay hembras disponibles y refugio, lo que muestra un conocimiento detallado de su rango de hogar.
También hay que recordar que son predadores especializados en el asalto a nidos y madrigueras, les encantan los huevos de codorniz y las crías de conejos del desierto. El monstruo de Gila no solo ubica estos nidos y madrigueras con los olores sutiles que percibe, sino que también recuerda los sitios de anidación recurrentes en su rango de hogar.
Hay otro gran ejemplo de otro reptil emblemático del desierto de Sonora, la Tortuga del Desierto (Gopherus morafkai). En el desierto no es raro que las temperaturas se acerquen a niveles letales para la tortuga del desierto, así que poder encontrar refugios subterráneos puede ser la diferencia entre vivir o morir. En investigaciones de campo se ha visto que las tortugas integran señales visuales y olfativas de su rango de hogar, por lo que no deambulan al azar. Con el mapa cognitivo de su territorio recuerdan perfectamente la ubicación de refugios previamente visitados.
En otras tortugas del género Gopherus, en estudios donde a las tortugas se les enseña que el alimento está en una dirección y posteriormente se les cambia el alimento a la dirección opuesta, pruebas de reversión espacial, se ha visto que la plasticidad conductual y la velocidad de reaprender son comparables a las de algunos mamíferos, como ratas y ratones.
Pero no solo tenemos evidencias de capacidad de aprendizaje en la tortuga del desierto y sus parientes. Si se trata de tortugas bien estudiadas, están las Tortugas Gigantes de las Galápagos (Chelonoidis sp.) y de las Seychelles (Aldabrachelys sp.). En estas grandes tortugas se ha visto que es más fácil adiestrarlas cuando se hace en grupo que cuando se hace de forma individual, tienen un aprendizaje social. Pero además tienen una gran memoria, pueden recordar los adiestramientos aún después de 9 años de no haberlos repetido.
Otra tortuga que se ha estudiado bien es la Tortuga de Patas Rojas (Geochelone carbonaria), tortuga terrestre nativa de las sabanas y bosques, desde Panamá hasta las Guayanas, Brasil, Paraguay. Se tiene el caso de una tortuga, Moses, en la que se hicieron varias pruebas. En un laberinto radial de 18 brazos, como el que se usa en estudios de roedores, Moses aprendió a recolectar alimento sin repetir brazos durante la sesión, demostrando una memoria espacial impecable. Estos estudios se hicieron de forma tal que no recibían ningún rastro de olor, por lo que solo usaban referencias visuales para orientarse, generando mapas cognitivos. Antes de Moses se pensaba que eso solo lo podían hacer los mamíferos.
Así que la capacidad de aprendizaje en reptiles es una característica muy importante para su supervivencia. Yo recuerdo que “la Verde” lo era, hasta siento que yo le simpatizaba.
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