Carrerita de martes 8 de septiembre
Carrerita de viernes 11 de septiembre
Tuve suerte esta semana: la lluvia no interfirió con mis carreras, así que tuve buen tiempo para mis divagaciones; eso sí, muy sudadas. La humedad estuvo bastante alta.
Los insectos son sorprendentes, pero no son los únicos artrópodos con capacidades de llamar la atención. Como primer ejemplo podemos tomar a los estomatópodos, los famosos camarones mantis. En el golfo de California encontramos especies de fondos blandos de los géneros Hemisquilla y Squilla, y otros habitantes de fondos rocosos del género Gonodactylus. Con estos últimas existen minuciosos estudios de laboratorio aplicados a especies de nuestra región, como G. zacae y G. festae. En los arrecifes y fondos pedregosos, las grietas entre las piedras son un recurso escaso y vital para protegerse de los depredadores; por ello, la competencia por estos refugios es feroz. Recordemos que estos animales poseen apéndices hipertrofiados capaces de descargar impactos a velocidades increíbles, con fuerza suficiente para reventar conchas, caparazones y hasta cristales de acuarios. Si resolvieran cada disputa territorial a golpes limpios, el riesgo de mutilación o muerte para los combatientes sería altísimo. Por eso, para un camarón mantis es indispensable saber con quién diablos se está metiendo. Cuando dos individuos se enfrentan, el perdedor aprende a reconocer la identidad química del vencedor: memoriza su olor. Si más tarde detecta ese mismo aroma saliendo de una cavidad, la evita de inmediato; en cambio, ante el olor de un individuo desconocido con el que no ha peleado, se atreve a disputar el espacio. Esta memoria del rival vencedor puede durar varias semanas. Cabe destacar que recuerdan con idéntica precisión el olor de las parejas con las que ya han copulado, lo cual resulta muy prudente, considerando que las interacciones reproductivas entre estos agresivos animales suelen terminar en tensión.
Pero hay algo más: recordarás que en el primer capítulo hablamos de la alucinante visión del color en los estomatópodos y de cómo no la usan para componer imágenes complejas, sino como un lector de código de barras para reconocer rápidamente presas, rivales y depredadores a partir de la presencia o combinación de franjas de color. Pues bien: cualquier lector de código requiere una base de datos con la cual cotejar la lectura. Los estomatópodos memorizan la secuencia visual de una presa, depredador o rival desde el primer encuentro y la archivan en su base de datos personal: su memoria.
Otro excelente ejemplo entre los crustáceos es el cangrejo verde europeo (Carcinus maenas). Es originario de las costas templadas del Atlántico nororiental, pero debido a su tremenda plasticidad se ha convertido en una especie invasora global. Aunque no sea nativo del golfo de California, constituye un modelo formidable para entender la cognición en crustáceos decápodos, un grupo del que tenemos amplísima representación en nuestras aguas.
En experimentos de laboratorio se han descubierto facultades sorprendentes en este cangrejo. Por naturaleza son fotofóbicos: huyen de la luz y buscan refugio en cavidades oscuras. Al someterlos a pruebas donde recibían descargas eléctricas leves al entrar en las cavidades, los cangrejos aprendieron rápidamente a suprimir su instinto natural de esconderse en la oscuridad. Lo fascinante es que su respuesta no era un simple «todo o nada»: graduaban la decisión sopesando la relación costo-beneficio. Si la descarga era mínima pero la iluminación exterior muy intensa, toleraban el choque eléctrico y entraban al refugio; en cambio, si la descarga era fuerte y la luz exterior tenue, preferían permanecer a la vista.
Y no se limitan a eso: también se han realizado pruebas con palancas operadas por recompensa. En acuarios experimentales donde debían mover palancas con sus quelípedos (sus tenazas) para recibir alimento, no solo aprendieron con rapidez la asociación, sino que, en diseños de discriminación entre dos palancas (una funcional y otra inactiva), aprendieron con certeza cuál era la correcta. Más sorprendente aún: cuando los investigadores invertían la función de los mecanismos, los cangrejos mostraban suficiente flexibilidad cognitiva para extinguir el comportamiento previo y cambiar a la nueva palanca activa. Una plasticidad de aprendizaje que nadie imaginaba hace unas décadas en un invertebrado.
¿Ya leíste “Historia de la Tierra, una cosmogonía personal”?
Búscalo en Amazon, usa el QR o da clic sobre él.