Carrerita de martes 7 de julio.
Carrerita de martes 14 de julio.
Carrerita de viernes 17 de julio.
La semana pasada cené el jueves con unos amigos y no estuve en condiciones de correr el viernes 10 de julio, con lo que no hubo divagación.
Pero esta semana si cumplí con las carreras y con las divagaciones.
Obviamente me he pasado las últimas semanas “enfutbolado”, no sé si sean mis raíces chilangas, pero sigo siendo un gran fan del fútbol.
Mientras corría, pensaba en todas las controversias que hay en este mundial sobre el arbitraje. Que si se beneficia a tal o cual equipo. Tengo años viendo mundiales; el primero que recuerdo es el del 66. La verdad es que siempre es los mismo, que no aprendemos?
En eso me saltó la pregunta…
¿Qué es aprender?
Aprender es la capacidad esencial de un organismo para procesar la información de su entorno, identificar patrones y eventualidades, y permitirle modificar su comportamiento de forma flexible y adaptativa para responder a esos patrones y eventualidades.
El organismo debe tener la capacidad cognitiva para poder hacer, internamente, una representación del medio externo. Evaluar las variables de ese medio externo y sus implicaciones en factores internos como costos, beneficios y cómo estos se reflejan en su percepción de la realidad
Aprender implica que el organismo experimenta la vida en primera persona.
Pero ¿cómo aprenden los organismos?
Muchas veces puede ser que un patrón o eventualidad del medio, un estímulo específico, aparentemente neutral, anteceda a otro estímulo específico al que el organismo debe dar respuesta. Si esta combinación es un patrón frecuente, el estímulo neutro dejará de ser neutro y el organismo dará una respuesta para estar listo para el estímulo que requiere respuesta. Esto es lo que se llama condicionamiento clásico (Pavloviano).
Muchas otras veces el organismo realiza alguna acción voluntaria que provoca una consecuencia en el medio ambiente. Dependiendo de los costos o beneficios de esa consecuencia, el organismo determina si la acción voluntaria conviene repetir o evitar. Si son mayores los beneficios, la repetirá, si son los costos, la evitará. El organismo evalúa activamente el impacto de sus acciones. Esto es el condicionamiento operante (Skinneriano):
Obviamente ambos tipos de condicionamiento ocurren en los organismos, pero en situaciones diferentes. El condicionamiento clásico llega a ser automático, a la presencia del estímulo detonante el organismo responde sin una evaluación. Por su parte, el condicionamiento operante es flexible, dependiendo en las respuestas del medio a la acción realizada.
Veamos ejemplos en animales de la región del Golfo de California y desierto de Sonora. Comencemos con el coyote, un animal con gran adaptabilidad, y esta está determinada por su comportamiento, que varía con base en la Ley de Igualación. Esta ley muestra que los animales responden en función de una evaluación cuantitativa de las acciones y sus recompensas. Básicamente establece que en una situación donde un organismo puede elegir libremente entre dos o más fuentes de recompensa, la proporción de acciones que el animal dedique a una opción igualará a la proporción de recompensas que obtenga de cada acción.
Cuando los coyotes en el desierto tienen dos lugares para alimentarse, no permanecen fijos en el lugar que da más comida, distribuyen sus visitas entre ambos lugares. Hacen un monitoreo activo. La frecuencia con la que visitan cada punta está en función de la recompensa obtenida. Si el punto A, por llamarlo de alguna manera, les da un 75% de probabilidad de encontrar alimento y el punto B un 25%, estarán un 75% del tiempo en el lugar A y solo un 25% en el lugar B. Ajustan los tiempos con base en las recompensas. Pero si se modifica la probabilidad de encontrar alimento en cada lugar, el porcentaje de tiempo que pasaban en cada lugar variaba en consecuencia. Los coyotes evalúan cada opción en función de las recompensas y con esa experiencia ajustan los tiempos. Tienen sensibilidad al cambio.
Otro buen ejemplo en la región es el Lobo Marino de California. En este caso se tienen estudios de una hembra, llamada Río. A ella la hacían responder a símbolos geométricos y pictogramas. De esta manera se le enseñó que si veía el estímulo A, debía responder eligiendo el estímulo B. Posteriormente, si se le presentaba B, debía elegir C. Con base en esto, Río realizó deducciones lógicas de forma espontánea. Por ejemplo, si veía que A equivalía a B (A=B), entendía entonces que B=A; entendía la simetría. Pero además, si veía que A=B y que B=C, entonces entendía que A=C, entendía la transitividad, y lo hizo desde el primer intento.
Pero además se encontró algo más, por un año se le dejó de hacer estas pruebas de categorías, cuando se le volvieron a presentar las pruebas, inmediatamente recordó y respondió a las pruebas sin cometer un solo error.
Podrás pensar que un año no es tanto tiempo, pero se repitió el experimento, pero con un periodo de diez años sin pruebas. Cuando se le volvieron a presentar, fue el mismo resultado: cero errores.
Esto no debería sorprendernos en el ambiente en que viven los lobos marinos, el comprender los conceptos de simetría y transitividad es importante. Esto les permite agrupar de forma flexible presas o peligros que lucen diferentes pero comparten el mismo valor biológico.
A Río no fue el primer animal al que se le hicieron este tipo de pruebas, estos estudios se habían realizado con anterioridad con algunos homínidos, chimpancés y bonobos. Es más, se suponía que sólo los primates podrían tener ese tipo de aprendizaje hasta que apareció Rio.
En los estudios con chimpancés y bonobos ya se había demostrado que estos animales comprendían los conceptos de simetría y transitividad y que además estas pruebas las recordaban por años.
Obviamente, la cantidad de estudios en chimpancés y bonobos es más extensa; el uso de lexigramas es muy extenso. ¿Recuerdas a Kanji? Así que todo está mucho más fundamentado. Pero en cuestión de memoria a largo plazo, al parecer, los chimpancés y bonobos van un paso más allá. No solo tienen memoria procedimental, de seguir reglas y procedimientos, sino que también es conceptual y a muy largo plazo. Por ejemplo, se ha demostrado que pueden reconocer fotografías de parientes o amigos, aliados, que no han visto en más de 10 o 15 años. También, cuando se les ha enseñado a resolver tareas complejas, usando herramientas, y tres años después se les presenta la misma prueba, no solo recordaban cómo resolverla, sino también el lugar preciso donde estaba guardada la herramienta.
Para los chimpancés y bonobos esta arquitectura mental es fundamental para aplicarse hacia el interior, en el intrincado tejido de sus sociedades complejas.
A fin de cuentas son nuestros parientes, dirían muchos.