Carrerita de martes 2 de junio
Carrerita de viernes 5 de junio
Esta semana me tocaron dos corridas de 8 km, se supone que deberían ser en ruta plana, lo que en Guaymas es muy complicado. El martes busco una ruta lo más plana posible, pero, la verdad, no me gustó, una gran parte fue por calles sin ningua vista bonita, solo calle y carros. ASi que hoy corrí la ruta normal que tengo de 8 km, no es tán plana, pero es más agradable.
El martes, mientras hacía mis ejercicios de Ai Chi de relajación después de la carrera me tocó ver a Jaco y a Bona jugar, desde que llegaron a casa lo hacen, son muy divertidos.
Su juego preferido es perseguirse alrededor de la alberca. Comienza cuando uno de los dos se planta con las patas delanteras abiertas acercando el pecho y la cabeza al suelo; es como decirlo al otro, ¡VAMOS A JUGAR! Es un comportamiento modificado estructuralmente
La respuesta del otro es colocarse del lado contrario de la alberca. Ya en posición, comienza la persecución, el uno al otro alrededor de la alberca. Como Jaco corre más rápido, acaba siendo el perseguidor; Bona, por su parte, es más ágil para hacer cambios de dirección; es la “presa” que no se deja apresar. Los dos lo hacen por gusto y lo disfrutan y su única finalidad es el juego en sí. Es un comportamiento voluntario y autotélico.
Esto lo repiten por un buen rato, cuando parece que el Jaco está por atrapar a Bona y esta se escapa, corre al otro lado de la alberca y repite la posición de inicio de juego. Es un comportamiento repetitivo.
Si en algún momento algo los interrumpe o inquieta, como un ladrido o la aproximación de una persona a la cerca, se detienen inmediatamente. Solo juegan cuando están relajados. Es un comportamiento que se presenta en ausencia de estrés.
Otra cosa importante es que este comportamiento no les da ningún beneficio inmediato; no reciben ningún premio por hacerlo. No es un comportamiento plenamente funcional.
Bueno, los etólogos definen un juego con base en esos cinco criterios. En honor al primer investigador que los presentó, se llaman los cinco criterios de Burghardt. Me llama mucho la atención que estos criterios se definieron apenas hace poco más de diez años.
Digo que me llama mucho la atención, ya que yo, que toda mi vida he tenido mascotas, siempre me ha divertido mucho verlas jugar, pero no solo eso, todos hemos visto animales silvestres jugando. Obviamente jamás me puse a ver si se cumplían ciertos criterios, pero uno nota cuando los animales están jugando.
Es evidente que para jugar un animal requiere de habilidades cognitivas importantes. El juego es altamente exigente en capacidad de análisis. La rápida alternancia entre movimientos y acciones controladas, donde Jaco o Bona cambian de control o estrategias voluntariamente, requiere de una evaluación y reevaluación de situaciones variables que no tienen un orden necesariamente predecible. Jaco y Bona continuamente están evaluando cómo responder a las acciones del otro. El juego causa que Jaco y Bona desarrollen respuestas emocionales y corporales, cinemáticas, flexibles. Así que no es de sorprendernos que encontremos que muchos mamíferos juegan; no me sorprendería que lo hagan todos, pero a muchos simplemente no los hemos “cachado” en el acto.
Pero el juego está muy extendido entre los animales, no solo en los mamíferos. Comencemos por animales que son totalmente diferentes a nosotros y de los que ya antes he platicado.
Aquí debo de aclarar algo, le definición etológica de juego, cómo ya mencioné, es muy reciente, por lo que en medio natural hay muy pocos estudios, bueno la verdad no he encontrado ninguno. Si hay muchas observaciones, pero no como parte de un estudio formal. En varias de estas observaciones se hace referencia al concepto de juego, pero es realmente difícil asegurar que se cumplen los cinco criterios. Inclusive en condiciones controladas hay pocos estudios. Hay algunas observaciones anteriores a 2006, pero por la documentación de esos estudios se puede concluir que el comportamiento cumple con los criterios de juego. Esto es importante aclararlo, ya que algunas de las cosas que te platicare no puedo ya asegurar de que realmente se trate de un comportamiento juego.
En el Golfo de California tenemos una gran biodiversidad, por ello hay una gran variedad de pulpos. De estos se han registrado, en estado libre, actividades de probable juego en al menos dos. En las posas de mareas de Bahía de los Ángeles y Puerto Peñasco es común encontrar al pulpo dos manchas (Octopus bimaculatus) y al pulpo verde (O. hubbsorum); en ambas especies se ha visto que se la pasan manipulando piedras o conchas vacías sin ningún fin específico. Esos objetos no les dan ningún beneficio de supervivencia, hay quien dice que estaban jugando..
¿Pero qué se sabe de otros pulpos en situaciones controladas?, donde la observación permite registrar si se cumplen los 5 criterios. Bueno, en esas situaciones se han registrado pulpos que, cuando se les pone un objeto desconocido, pasan de la curiosidad, de entender las características del objeto, a buscar qué hacer con él.
Por ejemplo, en un acuario donde se tenían varios pulpos gigantes del Pacífico Norte (O. dofleini), se les presentaron botellas de plástico parcialmente llenas de agua, de colores blanco y negro y con distintas texturas. Inicialmente, los pulpos comenzaron a interactuar con ellas; son animales muy curiosos. Pero después de un rato comenzaron a echarles chorros de agua con sus sifones. Pero luego ocurrió algo muy interesante: el acuario tenía una entrada de agua en forma de chorro. Algunos de los pulpos comenzaron a “aventar” las botellas con los chorros de sus sifones hacia el chorro de agua de la entrada, con lo que se les devolvía la botella. Lo siguieron haciendo. Para fines prácticos descubrieron un juego de frontón acuático. Esto lo continuaron haciendo sin necesidad de refuerzos, por gusto. Sin duda cumplía con los 5 criterios.
En otro estudio con pulpos vulgares europeos (O. vulgaris) en sus acuarios, les presentaron 3 objetos distintos: unas presas vivas, botellas de agua atadas a una cuerda y piezas de Lego rojas con blanco. Cuando aún no les daban de comer, obviamente iban por las presas y la interacción con las botellas y piezas de lego era exploratoria.
Pero si ya habían comido, la situación cambiaba, pasaban de la exploración al juego. Yo no sé si Lego usó esto en alguna promoción comercial, pero lo que más les gustó a los pulpos para jugar fueron las piezas de Lego. Los pulpos se la pasaban moviendo y manipulando repetitivamente los bloques. Nuevamente, claramente, se trataba de un juego.
Esto es sorprendente, encontramos animales, de los que divergimos hace unos 600 millones de años, antes de la revolución del Cámbrico. Nuestros sistemas neuronales son totalmente diferentes: los vertebrados tenemos un sistema centralizado; los pulpos, un sistema distribuido. Tienen un ganglio nervioso central anular principal, un anillo de neuronas por el que pasa el sistema digestivo, podríamos decir que es el cerebro principal. Pero los cordones de ganglios que recorren cada brazo funcionan como un cerebro independiente. Para fines prácticos, podemos decir que tienen nueve cerebros.
Pues con este sistema neuronal, totalmente diferente al nuestro, muestran una gran capacidad cognitiva, es algo realmente sorprendente.
Todos hemos visto vídeos de pulpos o leído artículos que muestran la inteligencia de los pulpos, pero ¿serán los únicos invertebrados que juegan?
Pues no, resulta que los artrópodos son también muy juguetones.
Los cangrejos violinistas, género Uca, están ampliamente distribuidos en el mundo. En el Golfo de California hay cuando menos 5 especies. Los encontramos prácticamente en todos los humedales costeros del mundo.
Una vez más, es difícil cuando uno ve a animales en medio natural poder asegurar que el animal en cuestión está jugando o no. Pero en los cangrejos violinistas han habido reportes de probable juego en varios lugares, aunque no en el Golfo de California. En Filipinas se han reportado comportamientos que pudieran ser juego en cangrejos Uca marionisnitida. Se reportó a una pareja de machos de este cangrejo deambulando por cerca de media hora, en un área de unos 12 metros cuadrados. Este deambular en pareja no parecía tener ninguna función, más que el del acompañamiento. Pero el par se puso a hacer travesuras, se encontró con un cangrejo mayor que estaba entrando a su madriguera. Estos cangrejos siempre tienen una pieza que usan como tapón de su madriguera, con la que bloquean la entrada al meterse. Bueno, pues cuando vieron que el cangrejo puso el tapón uno de ellos quitó el tapón. Al salir el dueño de la madriguera, el par salió huyendo. Hagan de cuenta un par de niños jugando a tocar los timbres de las casas en la colonia.
¿Era esto un juego? Difícil saberlo; se requeriría más observación para ver si lo era o era algún comportamiento con otra función.
Sería interesante hacer un estudio para estudiar el juego en los animales en el medio silvestre, fijando criterios y procedimientos. Yo creo que se encontrarían muy buenos ejemplos.
Pero, afortunadamente hay estudios en cautiverio en los que encontramos artrópodos. Ya que el primer ejemplo que encontré fue en crustáceos sigamos con un ejemplo de crustáceo en cautiverio, en este caso de estomatópodos.
Ya en el primer capítulo de este libro te platiqué sobre estos animales, en específico sobre su increíble sistema visual. Pero ahora veremos que eso no es lo único sorprendente, también, al parecer, juegan. Pero, los trabajos son previos al 2006, así que realmente no hay estudios específicos sobre juego, pero si hay observaciones sobre ello.
En los estudios sa han estudiado diversas especies de estomatópodos, mantenidos en acuarios, en observación continua. Estos crustáceos muestran una gran curiosidad por los objetos que se ponen en los acuarios; los agarran, los rotan y los examinan detenidamente. Hay muchas observaciones sobre estos comportamientos, pero con lo que se menciona no se podría asegurar si se trataba de juego o no. Pero hay uno que parece cumplir con los criterios de juego; cuando se les ponían pedazos de corcho flotante en los acuarios. Al principio, los estomatópodos intentaban sumergirlos, llevarlos al fondo del acuario. Al encontrar la resistencia a hundirse, continuaron manipulando los corchos. Cada vez que los perdían, volvían a ir por ellos para volverlos a sumergir, repitiendo esto por periodos de tiempo considerables. Al parecer esto cumple con todos los criterios de juego.
Hay otras observaciones que mencionan que cuando se encontraban sin ningún estímulo externo, al parecer se aburrrían; entonces comenzaban a agarrar los objetos de los acuarios y a reacomodarlos, al parecer sin ningún fin más que entretenerse.
Pasemos a los artrópodos terrestres, en específico a los insectos. Hay muchas observaciones de insectos en actividades que podrían interpretarse como juego, pero nuevamente en situaciones en que el juego no era el tema. Algunas observaciones de hormigas, por ejemplo, son de mediados del siglo XIX. En hormigas del género Formica se reportan casos de hormigas agarrándose de las mandíbulas, y sacudirse, pero sin hacerse el más mínimo daño. También hay reportes de que, en este mismo tipo de hormigas, en situaciones de relajamiento, sin estrés externo, se dan situaciones de peleas simuladas.
En el caso de las cucarachas también hay observaciones de probables juegos. En ninfas, juveniles de la cucaracha americana (Periplaneta americana) se han observado interacciones no agresivas, que no se muestran en los adultos. Por su parte, en cucarachas Nauphoeta cinerean, machos que son criados juntos, al estar recién mudados, juegan a las espadas, usando sus antenas, en comportamientos en los que no hay agresividad. En estos dos últimos ejemplos las observaciones fueron en estudios controlados, pero los objetivos de los estudios no estaban relacionados con el juego y las referencias son comentarios colaterales. Así que no podríamos asegurar que se trata de juego.
Pero afortunadamente tenemos un estudio sobre juego en insectos, en este caso para el abejorro Bombus terrestres. En el estudio, la colonia de abejorros se comunicó con la zona de alimentación, dándoles a los abejorros dos opciones: una era un pasillo despejado; la otra tenía dos áreas laterales con pequeñas esferas de madera de colores, unas fijas, otras móviles.
Curiosamente, los abejorros prefirieron el camino con las esferas, haciendo rodar las esferas de forma espontánea, sin recibir ningún refuerzo por hacerlo. Su comportamiento al rodar las esferas era distinto al comportamiento normal de exploración, no extendían la probóscide ni intentaban morderlo. Además lo hacían de forma repetitiva y cuando no tenían interrupciones. Sin duda incluía todos los criterios de juego.
Así que sin duda, al menos a los abejorros sí les gusta jugar con las pelotas.
¿Ya leyeron “Historia de la Tierra, una cosmogonía personal?, se los recomiendo aquí lo encuentran.