Carrerita de martes 9 de junio
Carrerita de viernes 10 de junio
El miércoles corrí 8 km y me sentí muy bien; ese era mi plan para hoy, pero al ver cómo iba a estar el clima decidí cambiar de opinión. El pronóstico era de cerca de 30 °C, pero con más de 90%, así que decidí que fuera mejor sólo 6 km.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Fue una magnífica decisión. Llegué empapado en sudor y con la frecuencia cardíaca arriba de lo que me gusta.
Pero mientras sudaba, tratando de disminuir mi frecuencia cardíaca, acabé pensando en los tiburones y sus parientes, las rayas; generalmente se les considera animales con muy pocas habilidades cognitivas.
Normalmente es difícil asegurar si los comportamientos que se observan son juego o no, pero al menos hay un caso en el que no queda duda. Me refiero a la manta diablo (Mobula munkiana), con sus famosos saltos.
Durante mucho tiempo se intentó explicar este comportamiento con objetivos como remoción de parásitos, limpiado de branquias o huida de predadores. Pero después de muchos años de observación, se ha observado que esos saltos ocurren todo el año sin que ninguno de esos factores tenga relación con ellos. Es decir, no tienen ningún propósito adaptativo o de supervivencia. No se aprecia ningún estímulo externo para que ocurran; son espontáneos y requieren un gran gasto energético que, al parecer, es solo por el gusto de hacerlos; son intrínsecamente gratificantes. El nado de las mantas diablo es normalmente hidrodinámico y silencioso, como si “volaran” en el agua. Durante el comportamiento de salto, esto se modifica totalmente, la velocidad se acelera abruptamente, generando el salto en forma de campana con la caída en la superficie sumamente ruidosa. Es una modificación estructural del comportamiento normal. Una manta salta varias veces, pero de forma muy variable, cambiando trayectoria y forma de caída, son repetitivos, pero no estereotipados. Finalmente, los saltos ocurren cuando las mantas tienen cubiertas sus necesidades de alimentación y se sienten seguras, no hay agentes estresantes.
La conclusión es que los saltos de las famosas mantas diablo son una clara manifestación de juego.
Pero no son las únicas mantas que juegan, hay un estudio, específicamente sobre el juego, con una manta de agua dulce, Potamotrygon castexi, en acuarios. De forma natural, estas rayas viven en el Amazonas, en un ambiente complejo y muy variable, por lo que requieren estar explorando el sustrato constantemente. Por ello han desarrollado una gran habilidad para manipular objetos con sus aletas, y una gran plasticidad en sus comportamientos.
A estas rayas se les introdujeron pelotas de ping-pong en sus acuarios. Las rayas atrapaban las pelotas entre sus aletas y el fondo, o la pared, del acuario y las hacían rodar. Posteriormente, se colocaban a distancia de las pelotas y, con corrientes de agua generadas por sus aletas o por chorros expulsados desde su boca o espiráculos, propulsaban las pelotas, para luego nadar hacia ellas y repetir la secuencia. Las pruebas se hicieron con pelotas con alimento en su interior y con pelotas vacías, el comportamiento era exactamente el mismo. Así que las reyas de agua dulce también juegan
Pasemos ahora a otro elasmobranquio, un animal del que la mayoría de la gente lo tiene considerado como un demonio letal y cruel, un asesino de los mares. La verdad es que es un predador tope, que en algunas circunstancias ha llegado a atacar a humanos. Pero mucho de su mala fama se debe a películas de los setenta del siglo pasado. Sí, me refiero al tiburón blanco (Carcharodon carcharias).
Si tienes esa imagen de animal despiadado, te sorprenderá saber que hay muchas observaciones de tiburones blancos en las que aparentan estar jugando. Existen muchos reportes de tiburones blancos manipulando macroalgas o pedazos de madera, boyas y otros objetos que flotan en la superficie, sumergiéndolos con las aletas pectorales o con el hocico, para luego liberarlos y dejarlos volver a la superficie, repitiendo eso varias veces. Hay un reporte de mediados del siglo pasado en California de un gran tiburón blanco que encontró flotando una caja de cartón corrugado muy grande. El tiburón saltaba sobre ella y se deslizaba para salir por el otro extremo. Esto lo repitió varias veces, hasta que su peso rompió la caja, con lo que se le acabó el juego. Aunque pudiéramos pensar que varias de las cinco características de juego se presentan, es difícil asegurarlo.
Pero hay una serie de estudios en Sudáfrica sobre el comportamiento de tiburones blancos. Entre estos hay uno sobre la interacción de bolsas de lona, amarradas a embarcaciones. Estas bolsas estaban limpias de todo rastro de alimento, grasa o sangre, para atraer a los tiburones pensando que eran alguna forma de alimento potencial.
Cuando los tiburones percibían la presencia de las bolsas en la superficie, se acercaban horizontalmente, lentamente, la tomaban con calma con la boca, cerrando las mandíbulas sin fuerza y sin sacudir la cabeza lateralmente, que es el movimiento al alimentarse. Ya que las tenían en la boca, los tiburones se llevaban la bolsa lateralmente o la sumergían, hasta que el cabo que sujetaba la bolsa se tensaba. Al percibir el tirón, soltaban la bolsa, se daban la vuelta y repetían la acción. Para fines prácticos, estaban jugando a “tirones de bolsa”.
Este patrón de comportamiento cumplía con los 5 criterios de juego. Así que ahora puedes pensar en los tiburones blancos como unos grandes juguetones.