sábado, junio 27, 2026

Las aves son muy juguetonas

Carrerita de martes 23 de junio.

Carrerita de viernes 26 de junio.

Hablando de juego hay una anecdota que me gusta platicar.

Hace muchos años, en una de esas rachas que me daban de ir a correr, me gustaba hacerlo a campo traviesa, en la brecha que comienza a orillas de la colonia Lomas de Cortés y termina en una pequeña ensenada conocida como “La Saladita”. Actualmente, ese lugar se ha vuelto popular con una pista de bicicleta de montaña llamada “Agua Mala”. Cuando iba a correr lo hacía con las dos perras que tenía en aquel entonces, la Pita, una bóxer, y su hija, de padre desconocido, la Pata. Llegando a donde comenzaba la brecha, les quitaba la correa y ellas corrían delante de mí, libres. Siempre, al llegar a donde se encuentra un gran cardo, precioso, cerca de la mitad del camino, aparecía un par de cuervos (Corvus corax), de bastante buen tamaño. Volaban sobre mí, como advirtiéndome de lo que seguía, seguían su vuelo hacia las perras, pasando apenas arriba de ellas y levantaban el vuelo, para posarse en el suelo frente a ellas como a unos veinte metros. Pita y Pata se ponían como locas y salían a perseguirlos, pero apenas se aproximaban, los cuervos levantaban el vuelo y se iban. A mi me divertía ver como ese par jugaban con mis perras, haciéndome testigo y cómplice, al avisarme, cuando iniciaban la acción.

Después de varias caídas en la brecha, Rebeca me pidió, para decirlo gentilmente, que ya no regresara a correr a campo traviesa. Pero la historia de los cuervos y mis perras siempre se quedó conmigo.

Los cuervos son bastante juguetones, no soy el único que ha sido testigo de ello. Hay muchos relatos, reportes de juveniles aprovechando las corrientes ascendientes de aire caliente para realizar acrobacias, giros espirales, bucles y vuelos invertidos. También el estarse pasándose objetos, como ramas o cortezas de árbol, en pleno vuelo. Fuera de la región, en latitudes altas en invierno, al nevar, se les ve deslizándose en laderas o techos de teja, cubiertos de nieve; al llegar a la parte baja, vuelan de regreso a la parte alta y repiten la resbaladilla. No solo eso, se ha visto que seleccionan objetos para usarlos como deslizadores cuando hacen esto.

Otra ave de la región en la que se han reportado comportamientos de probable juego en el bobo de patas azules (Sula nebouxii). En las colonias de estas aves los pobres padres se la pasan muy atareados, pero los juveniles se la pasan muy bien. Mientras continúen bajo el cuidado de sus padres, sus necesidades alimenticias están cubiertas y, en la zona de anidación, se encuentran en un lugar seguro, por lo que están en un estado ideal para jugar. Su juego consiste en agarrar objetos, como: piedras, ramas y pedazos de corteza. A estos objetos los agarra con el pico y los avienta en el aire para intentar agarrarlos antes de llegar al piso. En otras ocasiones los transportan con el pico a algún lugar en específico, para posteriormente volverlos a agarrar y moverlos de nuevo.

Hay muchos estudios en ambientes controlados, para esto se prestan mucho los loros y pericos, aves con gran capacidad cognitiva y que se adaptan bien a condiciones de confinamiento. Un muy buen ejemplo es el Loro Gris Africano (Psittacus erithacus). Yo lo llamaría el loro juguetón, ya que tiene un buen repertorio de juegos. Les gusta mucho jugar con los objetos que les proveen, como bloques de madera, cuerdas, llaves, bueno, objetos que sean novedosos para ellos. Manipulándolos de forma repetitiva, con comportamientos exagerados, como colgarse cabeza abajo para agarrarlos. Repitiendo las secuencias, o modificándolas para ver el nuevo resultado. Si algo estresa al loro, deja de interactuar con los objetos de inmediato. Algo interesante: si a los loros en cautiverio no se les provee de estos objetos, no se les da la oportunidad de jugar, los loros se estresan y comienzan con comportamientos compulsivos destructivos, como arrancarse plumas.

Pero además de jugar con objetos, les gusta hacer bromas, ya sea con otros loros de sus jaulas o con sus cuidadores. Hacen como que le están entregando al otro loro o cuidador un objeto y, en el momento en que el otro lo está por tomar, lo retiran haciendo vocalizaciones, como si se estuvieran riendo por la broma.

Todos sabemos que los loros tienen una gran capacidad fonética, esto les permite aprender a imitar una gran variedad de sonidos de su entorno, como el llanto de un gato, alarmas de aparatos o la voz de personas. Pues se ha visto que estos bromistas hacen estos ruidos muchas veces solo para ver la respuesta de sus cuidadores y divertirse con ella.

Otro caso de loros es el Kea de Nueva Zelanda (Nestor notabilis). Este es el único loro alpino del mundo. Habita en las cumbres de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Es una especie generalista y oportunista con gran curiosidad. Se caracterizan por un cuidado parental prolongado y los juveniles forman bandas locales, agrupaciones dinámicas. Esto les provee de un ambiente de seguridad, un campo relajado, situación ideal para jugar. Y vaya que lo hacen.

El primer tipo de juego es de lucha, es común verlos entrelazados, empujándose con las garras, mientras se agarran con los picos y ruedan cuesta abajo. Cuando se va a iniciar el juego en usan una posición asimétrica, con pasos laterales y ahuecando las plumas, emitiendo vocalizaciones de baja frecuencia, esta es la señal de que es un juego y no un comportamiento antagónico Es común ver a adultos dominantes participar, cuando lo hacen adoptan posturas vulnerables, como ponerse sobre sus espaldas, frente a los juveniles de menor jerarquía, para invitarlos a jugar. También juegan con objetos, piedras, ramas o piñas de coníferas, pasándoselos de uno a otro. Pero también les gustan los juegos acrobáticos, aprovechando los fuertes vientos de las cordilleras, haciendo vuelos en picada o buckles en el aire, solo por el placer de hacerlo.

Sobre las vocalizaciones de baja frecuencia que usan para iniciar el juego, el llamado de juego, hay un estudio muy interesante. Cuando poblaciones silvestres de keas hacían sus actividades normales, los investigadores reproducían en altavoces escondidos el llamado de juego y el resultado era sorprendente. Los Keas dejaban de hacer lo que hacían para ponerse a jugar. Ya fuera con otros miembros del grupo, o de forma solitarias manipulando objetos. Un contagio colectivo de juego.

Las aves realmente son juguetonas.

¿Ya leíste "Historia de la Tierra, una cosmogonía personal"?