viernes, octubre 23, 2026

Anémonas, esponjas de arena y larvas tejedoras: el ingenio invertebrado

Carrerita de martes 20 de octubre.

Carrerita de viernes 23 de octubre.

Esta semana las corridas fueron más tranquilas para mantener la condición de aquí al 7 de noviembre, día del Maratón San Carlos-Guaymas. Yo, como cada año, correré el medio maratón. La idea es no llegar sobreentrenado como hace un año.

Yo sigo pensando en el uso de las herramientas. Es fácil entender que los vertebrados tengan capacidad para usarlas, pero nos encontramos con que no está restringido a ellos. Existen varios invertebrados que usan herramientas.

En el golfo de California tenemos buenos ejemplos de uso de herramientas en crustáceos. Por ejemplo, los cangrejos ermitaños tienen un abdomen blando; para protegerse, buscan conchas vacías de gasterópodos en las que se introducen, dejando fuera solo la cabeza y las quelas. Con frecuencia, una de estas es mayor y la usan para retraerse dentro de la concha y tapar la entrada cuando sienten un riesgo, quedando protegidos. Conforme van creciendo, van cambiando de concha. El uso de estas conchas, para mí, es claramente el uso de una herramienta, aunque mucha gente lo considera simplemente como un refugio pasivo. Pero hay algo más: cangrejos de los géneros Dardanus y Pagurus usan otro tipo de herramienta; en este caso, otro animal. Buscan anémonas, como las de los géneros Calliactis o Adamsia, las desprenden con cuidado de su sustrato y las colocan sobre la concha que han aprovechado para su protección. Con esto consiguen dos cosas: primero, camuflaje, pues al permanecer quieto, la anémona sobre la concha esconde su forma y se pierde en el ambiente; segundo, y más importante, defensa: ante una amenaza o cuando el cangrejo ermitaño emite señales de estrés, la anémona responde disparando unos filamentos urticantes de colores brillantes llamados acontios. Estos hilos flotan alrededor de la concha y crean una barrera protectora adicional que protege al cangrejo de pulpos y otros depredadores.

Lo más interesante es que se forma un vínculo entre el cangrejo ermitaño y la anémona. Al crecer el cangrejo y verse obligado a cambiar por una concha más grande, le da pequeños golpes con sus pinzas hasta que la anémona se relaja y se desprende. Acto seguido, el ermitaño la coloca y la acomoda con cuidado sobre su nueva concha.

En el desierto de Sonora tenemos otro buen ejemplo, ahora con insectos: las distintas especies de hormigas cosechadoras compiten intensamente entre ellas por las semillas de las que se alimentan. La hormiga cosechadora del desierto (Novomessor cockerelli) usa herramientas para tener ventaja en esta competencia. Las obreras buscan y seleccionan guijarros, ramas, piedras o terrones para transportarlos y tapar la entrada de los hormigueros de su principal competidora, la hormiga cosechadora roja (Pogonomyrmex barbatus). Con este bloqueo retrasan de forma considerable la salida de las obreras de la hormiga cosechadora roja, con lo que aprovechan las horas más frescas para recolectar semillas sin competencia.

Pero no es la única forma en que la hormiga cosechadora del desierto usa herramientas. Cuando encuentran fuentes de alimento líquido (néctar extrafloral, savia, pulpa de cactáceas, etc.), buscan materiales porosos, como granos de arena, pedazos de vegetales o cualquier objeto que pueda servir como esponja. El objeto poroso lo arrojan sobre la fuente de alimento líquido para que lo absorba y, ya saturado, lo llevan con sus mandíbulas a los hormigueros para que las larvas y otras obreras se alimenten.

Fuera del desierto de Sonora existen muchos ejemplos de uso de herramientas por insectos; el que más me sorprende a mí son las hormigas tejedoras (Oecophylla smaragdina). Estas hormigas del sureste asiático, del norte de Australia y de Nueva Guinea construyen sus nidos en los árboles. Para esto, las obreras seleccionan hojas de gran tamaño y flexibles, a las que doblan formando hileras, mordiendo un borde y tirando de él. Cuando la distancia entre los bordes es mayor a la longitud corporal de las hormigas, forman puentes corporales uniéndose varias de ellas. Posteriormente van juntando los bordes hasta quedar en contacto directo.

Es aquí cuando viene el uso de la herramienta. Un dato importante es que las obreras adultas no poseen glándulas sericígenas funcionales, productoras de seda, por lo que no la producen. La seda sería un magnífico medio para unir los bordes de las hojas dobladas, y sus larvas, en ciertos estadios, producen abundante seda. Así, las herramientas son las larvas productoras de seda. Mientras unas obreras mantienen unidas en máxima tensión las hojas, otras van al nido a buscar larvas en el estadio de producción de seda. Ya que regresan, apuntan las larvas hacia el borde de las hojas y las sacuden. Con esta estimulación, la larva comienza a expulsar una hebra continua de seda pegajosa a través de la abertura de las glándulas sericígenas en la base de las piezas bucales. La obrera que la está cargando la mueve en zigzag de un borde de la hoja al otro, tejiendo una gasa pegajosa que sella las hojas.

Aquí hay algo interesante: en los insectos que producen seda, el uso de esta es único: sirve para que la larva forme el capullo pupal y tenga protección durante la metamorfosis. En el caso de las hormigas tejedoras, toda la producción de seda de las larvas se usa para tejer las hojas, por lo que no podrán formar el capullo protector; así que dependen totalmente de sus hermanas, las obreras adultas, para ser protegidas en esta frágil etapa.

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