viernes, junio 19, 2026

Jugando con cocodrilos

Carrerita de martes 16 de junio

Carrerita de viernes 19 de junio


Caray, ¿por qué el verano tiene tanta prisa por llegar? Se supone que inicia el próximo domingo, pero ya tenemos más de diez días con la humedad típica del verano, y hoy en la madrugada, cuando salí a correr, estábamos con 90% de humedad. La verdad es que correr 8 km, tratando de que la frecuencia no pase de 144, está complicado, la alarma de mi reloj me sonó con mucha frecuencia. Como sea, la verdad gozo mucho mis carreras.

Sigo divagando mucho en el juego, es fácil pensar que este tipo de comportamientos está relacioanado con alta capacidad cognitiva, pero aquí ya hablamos de pulpos, artrópodos y tiburones. ¿Qué pasa con los reptiles?

En Norteamérica, desde Canadá hasta el noroeste de México se distribuye la serpiente jarretera (Thamnophis elegans), también conocida como culebra listonada elegante. En la región es común encontrarlas en humedales asociados a la Sierra de San Pedro Mártir, en Baja California. Los juveniles de estas serpientes se han observado en comportamientos que se podrían interpretar como juego. Realizando movimientos laterales muy exagerados, formando curvas muy exageradas, totalmente diferentes a los movimientos normales de desplazamiento, que forman curvas suaves, economizando energía. También se les ha visto interactuar con objetos, como ramas o filamentos en el cuerpo de agua, usando la punta del hocico, pero sin mordedura ni retención, nada que se parezca a un comportamiento de alimentación. Nuevamente, ¿podemos concluir que es juego? Es difícil decirlo, pero lo que sí se menciona es que en situaciones de estrés, ya sea por interacción con humanos o por efectos naturales, estos comportamientos desaparecen rápidamente.

Bueno, pero si hay algo en el desierto de Sonora son lagartijas y lagartos y en estos animales también hay observaciones de juego.

Por ejemplo, se han observado a juveniles de la lagartija de manchas laterales (Uta stansburiana) haciendo saltos y giros, como simulando escapes, pero en ausencia total de peligro. En el mismo ambiente encontramos a juveniles de la lagartija escamosa del desierto (Sceloporus magister) subiendo a matorrales para saltar sobre la arena suave, repitiendo esto una y otra vez.

Pero a mí, el caso que más me sorprendió, se da entre los juveniles de dos especies distintas: la iguana del desierto (Dipsosaurus dorsalis) y el lagarto de collar (Crotaphytus nebrius). Se les ha visto realizando persecuciones inofensivas, alternando quién persigue a quién. ¿Por qué me sorprende?, pues si fueran adultos, el que perseguiría sería el lagarto de collar y la iguana haría lo posible para escaparse para no acabar como plato de cena.

Nuevamente, estas son observaciones que muestran la posibilidad de juego, pero al no ser estudios específicos para evaluar esto es difícil decirlo. Pero dentro de los lagartos sabemos que sin duda hay juego, al menos dentro de los lagartos más grandes, los varanidos.

En estudios en el Zoológico de Washington con dragones de Komodo (Varanus komodoensis). A estos animales, cuando se les da alimento, su comportamiento es darles sacudidas violentas con la cabeza y desgarrarlos con las garras. Pero cuando a los juveniles se les expone a objetos novedosos, como cajas de cartón, zapatos, cubetas de plástico o discos de frisbee, interactúan por periodos largos con ellos, inspeccionándolos curiosamente. Arrastrándolos, metiendo la cabeza en su interior, en cajas o zapatos, metiendo y sacando objetos de los baldes. Si, mientras están interactuando con los objetos, se les da comida, inmediatamente muestran el comportamiento de alimentación, regresando a sus juguetes al terminar de comer.

Ahora pasemos a otro grupo de reptiles, que resultan ser estrellas en eso de jugar, el orden Crocodilia, los cocodrilos (familia Crocodylidae) y caimanes (familia Alligatoridae). Al igual que en el caso de los tiburones blancos, estos animales tienen una muy mala reputación, pero resulta que son bastante juguetones.

Hasta ahora siempre me gusta comenzar haciendo referencia a los animales del desierto de Sonora y del Golfo de California; en esta región el único representante del grupo es el cocodrilo americano (Crocodylus acutus), que en el Pacífico se distribuye desde el sur del Golfo de California hasta Centroamérica. Pero en esta ocasión la única referencia que encontré, prefiero dejarla para más tarde.

Comencemos con los caimanes. En los humedales de Florida es muy común ver a juveniles del caimán americano (Alligator mississippiensis) trepar por pendientes lodosas para luego dejarse deslizar, hocico abajo, en dirección del agua, repitiendo esto varias veces. Les gusta jugar a la resbaladilla.

En estos mismos animales, en estanques de cautiverio se ha observado que les gusta mucho jugar con los chorros de agua que llegan a los estanques. Algunas veces se les ve como queriendo atrapar el agua o acomodándose bajo los chorros de presión, poniéndose en forma perpendicular para interactuar con el chorro de agua.

En centros de conservación, donde se mantienen a caimanes de anteojos (Caiman crocodilus) a los juveniles, nuevamente, cuando se les ponen objetos novedosos, como pedazos de madera pintados de colores o peltas de plástico, los mueven continuamente con sus hocicos y los sumergen, soltándolos para que floten.

Los caimanes muestran una gran capacidad cognitiva, esto es bastante notorio en que hay casos en que establecen patrones de juego con animales de otras especies. Un muy buen ejemplo se da en Florida, entre el caimán americano y nutrias de río (Lontra canadensis). ¿Te acuerdas de cuando te comenté de que sorprednía el juego entre el lagarto de collar y la iguana del desierto? De adultos, la iguana podría ser una buena presa para el lagarto. Pues aquí es más sorprendente, los caimanes comen nutrias y las nutrias adultas se pueden alimentar de juveniles de caimán. Así que es sorprendente encontrar compañeros de juego como estos, pero, al parecer les encanta jugar. Obviamente esto se da cuando hay periodos de abundancia, cuando ambos tienen necesidades de alimentación cubiertas. Generalmente es la nutria quien inicia la interacción, nadando en círculos alrededor del caimán y dándole golpes ligeros en la cola o en los costados. Esta es la invitación a jugar. Luego la nutria sale nadando en zigzag frente al caimán y este la persigue. Después de un rato, el caimán se detiene y se da la vuelta y entonces la nutria lo persigue.

Obviamente este es un comportamiento muy sorprendente, tan es así que investigadores de la Universidad de Tenesse decidieron estudiar esto en condiciones controladas, documentando que a este par les encante este juego, sin importar si están libres o en cautiverio.

Pasemos ahora a los cocodrilos. Si le preguntaras a alguien cuál es el cocodrilo más peligroso del mundo, no dudo que la respuesta más frecuente que obtendráas será el cocodrilo marino de Australia (Crocodylus porosus), que realmente es estuarino. Pues resulta que a los juveniles, y a algunos adultos, les encanta jugar con las olas. De esto hay muchas observaciones. Entran al mar desde la playa y nadan mar adentro en contra de las olas. Ya que las pasan, esperan las crestas de las olas altas y se dejan llevar por ellas hasta llegar a la orilla. Entonces se voltean y repiten la acción, una y otra vez: En resumen, disfrutan “surfeando” las olas.

Otro comportamiento de posible juego se da en el cocodrilo cubano (C. rhombifer), a este cocodrilo le gusta jugar con flores. Recogen las que caen al agua y las pasean por horas en sus mandíbulas. No hacen esto con ramas o flores y hojas secas, solo con flores de colores vistosos, en especial buganvilias. Yo, la verdad, me pregunto, ¿estarían jugando o simplemente les gusta sentirse bonitos?

Pasemos ahora a la historia del cocodrilo americano, la que te había comentado que dejaría para después. Así como el caimán americano muestra una gran capacidad cognitiva como para jugar con otra especie, el cocodrilo americano, al parecer, también tiene una capacidad cognitiva similar.

Pero en esta interacción hay algunos aspectos importantes a mencionar, solo hay una experiencia, entre un individuo de cocodrilo y uno de la otra especie, si bien de duración de años. Segundo, la forma en que se inicia la experiencia es muy especial, por lo que no es un buen ejemplo de relato de juego. Pero a mi me encanta.

Va la historia increíble de la interacción de juego entre un cocodrilo americano y un…

…ser humano.

En la costa de Costa Rica, un día un pescador, al que todos conocían como Chito, encontró a una juvenil de cocodrilo americano con una herida de bala en la cabeza. Chito lo llevó a su casa, en las orillas del humedal donde lo encontró, lo bautizó como Pocho y lo cuidó y alimentó hasta que curó y liberó. Pero Pocho nunca se fue, siempre permaneció cerca de Chito. Cuando ambos se encontraban en los ríos o cuerpos de agua del humedal, Chito entraba al agua, Pocho se aproximaba, nadaba alrededor de Chito, se sumergía y aparecía frente a él, era la invitación para que comenzara a perseguirlo. Pocho se dejaba alcanzar, entonces Chito lo abrazaba y levantaba del agua, dejándolo agarrar su hocico y costados. Pocho le dejaba hacer y abría sus fauces totalmente frente a Chito, de manera pausada y exagerada. Pero a pesar de las dimensiones y fuerza de Pocho, él siempre actuaba de forma que se aseguraba de que Chito no corriera ningún riesgo.

Esta peculiar relación no solo fue documentada, hay vídeos al respecto,y  fue estudiada por investigadores de la Universidad de Tennessee. Quienes certificaron que cumplía con los cinco criterios de juego, funcionalidad incompleta, voluntaria y espontánea, estructuralmente modificada, repetitiva no estereotipada y realizada en ausencia de agentes estresantes.

Pero para mí muestra algo más, muestra cómo un animal al que la gente normalmente considera una bestia irracional y peligrosa puede demostrar claramente reconocimiento, fidelidad y, sobre todo, cariño a quien lo protegió, cuidó y sanó, sin buscar nada a cambio.

¿Ya leíste “Historia de la Tierra, una cosmogonía personal”?, la encuentras aquí.