Carrerita de martes 22 de septiembre.
Carrerita de viernes 25 de septiembre.
Sigo avanzando en mi preparación para el medio maratón del 15 de noviembre. Ese es el día del Maratón San Carlos - Guaymas, con vistas increíbles; se lo recomiendo a todos los corredores de fondo. Yo desde hace muchos años disfruto corriendo el medio maratón.
Como parte de mi entrenamiento, el martes corrí 8 km y el viernes 14 km. Esta semana el clima se portó bien, pero parece que a inicios de la próxima semana el huracán Polo nos traerá problemas al área de Guaymas; habrá que tomar precauciones.
Obviamente, en algún momento mis divagaciones durante mis corridas me llevarían al aprendizaje; me llevarían a los pulpos.
En el golfo de California tenemos dos muy buenos ejemplos: el pulpo verde (Octopus hubbsorum) y el pulpo de dos manchas (Octopus bimaculatus). Ya que sus estilos de vida y estrategias son muy similares, los voy a tratar en conjunto. Ambos son especies bentónicas de cuerpo blando, depredadores móviles muy activos que dependen de un recurso crítico: una guarida central, una cueva principal. Así que en su vida compiten no solo por las presas, sino también por ese refugio especial, que debe cumplir funciones de seguridad básicas: tamaño adecuado, acceso adecuado para ellos pero difícil para sus depredadores, y con posibilidad de ser bloqueado. Para cazar deben desplazarse distancias considerables, pero ellos son presas atractivas para otros peces, como morenas o tiburones.
Así que no les conviene andar deambulando sin rumbo. Deben tener claro el camino a su madriguera: no deambular en el camino ni estar buscando reconstruir el camino recorrido. Deben tener un claro conocimiento de su entorno para lograr una navegación espacial estructurada. Para ello requieren memorizar la configuración de grietas, salientes y cualquier objeto que les sirva de referencia visual. Tienen un mapa cognitivo que les permite tener claramente definidas sus rutas de forrajeo y huida. No solo las rutas: deben saber en qué lugares hay refugios temporales en estas rutas.
Pero esos no son los únicos trucos que deben aprender. Sus presas presentan defensas complejas, como conchas y exoesqueletos rígidos. Cómo superan esas defensas no responde a comportamientos rígidos. Cada pulpo encuentra la mejor solución con base en ensayo y error, evaluando las técnicas que les dan mejores resultados para conservarlas. Se ha observado, por ejemplo, que aprenden a identificar la ubicación del músculo aductor en almejas, para perforar en ese lugar preciso e inyectar su toxina, disminuyendo el tiempo que les toma abrirlas. Pero esas técnicas están en evaluación continua: si una falla, prueban nuevas, y si les funciona mejor, la pueden cambiar.
Así que, aunque los pulpos silvestres son muy inteligentes —esto ha sido ampliamente corroborado en pruebas de laboratorio—, aquí la estrella es el pulpo común europeo (Octopus vulgaris). Es muy probable que los videos de pulpos mostrando su capacidad cognitiva que hayas visto sean de esta especie de pulpo.
En el primer capítulo vimos que su percepción se basa en dos canales: la vista y el tacto (recuerda que este último es al mismo tiempo el gusto). Así que no es sorprendente que tengan una gran capacidad de discernir con base en estos canales. Esto se vio en pruebas experimentales.
Comencemos con su capacidad de aprender visualmente. En las paredes de los tanques se les ponían figuras geométricas bidimensionales: círculos, triángulos, cuadrados orientados en distintos ejes. A unas figuras se les asignaba un premio, como un poco de alimento; a otras, un castigo, como una pequeña descarga eléctrica. Los pulpos aprendían rápidamente las reglas: a qué símbolos dirigirse y a cuáles evitar.
Ahora veamos su capacidad de aprendizaje táctil. Para hacer estas pruebas se usaron dos formas de bloquear el canal visual: algunas pruebas se hicieron en oscuridad total; en otras se introdujeron objetos en cavidades opacas donde solo penetraban los brazos. Ya que se aseguraba que los pulpos no podían percibir visualmente, se les presentaban distintos objetos: cilindros o esferas con distintos niveles de aspereza (lisas, rugosas o acanaladas en su superficie). Los pulpos aprendieron a distinguir los objetos basados en forma y superficie. Las ventosas distinguían el grado y tipo de rugosidad. Pero no solo eso: ya que se les permitía ver los objetos, los reconocían por el aprendizaje táctil previo. Esto implica que táctilmente generaban una representación tridimensional del objeto.
Ahora, podemos asociar la capacidad cognitiva con la velocidad de aprendizaje, pero yo creo que es un mejor indicador la velocidad de desaprendizaje. ¿Qué pasa si los refuerzos positivos y negativos que se usaron se cambian? Digamos que aprendieron que el círculo era comida y el cuadro inclinado castigo y, repentinamente, se los revierten. El pulpo común aprende rápidamente la nueva situación; no solo eso: si hay reversiones consecutivas muestran una gran flexibilidad en las respuestas, adaptándose a los cambios.
Hay pruebas que a mí me sorprendieron. Los pulpos son animales solitarios: solo buscan a otro miembro de su especie para reproducirse; fuera de eso, si se encuentran a otro miembro de su especie en su territorio, lo más seguro es que surja un conflicto. Así que uno supondría que el aprendizaje social, por observación o por transmisión de otros pulpos, debería ser muy reducido. Pruebas de laboratorio mostraron que esto no es así. Se dividió a los pulpos en dos grupos. A unos se les condicionó para atacar a uno de dos objetos que solo diferían en el color: una esfera blanca y una roja. Si atacaban a la blanca, por decir, les daban premio; si a la roja, castigo. Llamemos a los pulpos de este grupo «demostradores». Al otro grupo, pulpos que nunca habían participado en este condicionamiento, fueron colocados en tanques adyacentes a los «demostradores», solo separados por un acrílico transparente, permitiéndoles ver solo cuatro demostraciones del ataque de los demostradores hacia el objeto premiado. Cuando a los «observadores» se les puso frente a los dos objetos, inmediatamente atacaron al objeto al que vieron que los «demostradores» atacaban. Habían aprendido solo de observar.
Hay más pruebas, las que de seguro has visto en videos de YouTube: en muchos de estos videos el reto es muy similar, colocar un premio, digamos un cangrejo, de forma visible pero de difícil acceso. Digamos en una cámara donde no puede llegar el pulpo, pero sus brazos, por aberturas laterales, sí; también usando laberintos; pero el más popular es poner al cangrejo en una jarra con tapa de rosca. En todos verás que el pulpo muestra la capacidad cognitiva necesaria para llegar al premio. Si no los has visto, búscalos en YouTube; valen la pena.
En este capítulo te platiqué de las capacidades de aprendizaje de distintos animales, comenzando con aquellos que son muy cercanos evolutivamente a nosotros y luego viendo ejemplos de animales cada vez más alejados de nosotros. Terminé con los moluscos, de los que divergimos hace más de 600 millones de años, antes del Cámbrico.
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