Carrerita de viernes 6 de marzo
Bueno, pues este año no ha sido bueno para mis corridas.
Dejé de correr dos semanas y hoy, que mi plan era correr 6k, cuando estaba por
cumplir el km 5, nuevamente me dio la molestia en la pantorrilla derecha.
Si alguien sugiere que es la bola, corre el riesgo de ser
insultado.
Viejos los tiburones de Groenlandia y aún nadan.
Bueno, pero en esa poca distancia tuve tiempo de divagar, en
especial el último km, que lo tuve que caminar.
La primera parte fue rememorar el fin de semana pasado, en
el que fui a las carreras a la Ciudad de México por la boda en México de Lorri,
el hijo de mi compadre Alfonso. Aclaro: boda en México, porque Lorri y Colbert
ya se habían casado hace más de un año en Nueva Jersey, pero faltaba el
reventón en México.
Un fin de semana redondo: para comenzar, me alojé en el
departamento de Alejandra, mi cuñada, y de Mario, mi hermano, en la Condesa. Me
consintieron como rey.
Luego, la boda, el reventón, me acuerdo y me río. Me
encontré con grandes amigos, algunos que tenía décadas de no ver, a mis
ahijados Diana y Sergio Aqmar, que hacía un rato que no veía. Gran reventón, me
la pasé presumiendo que soy el amigo más antiguo del padre del novio, bueno,
del esposo.
El domingo comimos Adolfo, Loredana, Soco, Joaquín, Mario,
Ale y yo en un restaurante Arabe, muy rico.
La otra divagación, ahora que me la paso pensando en la
sintiencia de los seres vivos, fue sobre un animal muy curioso.
En casi todos los mamíferos el procesamiento de las
feromonas es a través de un sistema especializado llamado sistema olfativo
accesorio, mediado por el órgano vomeronasal, de ahí se procesa en el tálamo,
para integrarse en la parte de la atención consciente. Para el caso de este
animal, la funcionalidad de este órgano es objeto de gran controversia y es
ampliamente considerada un vestigio. Aunque la cavidad del conducto vomeronasal
puede formarse durante el desarrollo embrionario y persistir de manera ocasional
en adultos, este carece de las conexiones neuronales hacia el cerebro
necesarias para procesar la información de forma separada. Probablemente esto
se deba a que, por su historia evolutiva depende principalmente de estímulos
visuales y auditivos.
Así que, en este caso, el bulbo olfativo se proyecta de
manera directa hacia la corteza piriforme y otras áreas del cerebro. De esa
manera, el sistema olfativo tiene conexiones directas con la amígdala, el
principal centro de aprendizaje emocional y memoria del cerebro. De esa manera
tenemos un animal en el que los olores tienen un efecto más emocional y en el
que su memoria se mantiene por mucho más tiempo que los recuerdos visuales o
auditivos.
Por ello, el efecto de las feromonas es más sutil, las
respuestas no son tan evidentes, pero no por ello menos importantes.
Por ejemplo, se ha visto que las feromonas que producen las
hembras causan que sus ciclos menstruales se sincronicen con los de otras
hembras con las que tienen contacto frecuente. También hay estudios que
muestran que las feromonas que producen las hembras durante su época de mayor
fertilidad las hacen más atractivas para los machos. Algo que también se sabe
es que feromonas producidas por los hijos hacen que sus madres los identifiquen
y viceversa. Algo más, al parecer, a través del olor corporal, las hembras
tienden a preferir y encontrar más agradables los aromas de machos que poseen
caras más simétricas, lo cual puede considerarse como una señal honesta de
aptitud. Finalmente, es algo muy conocido que para los adultos de esta especie
es muy frecuente que sabores u olores los remonten a recuerdos de su infancia;
a esto se le conoce como el “Efecto Proust”.
A mí me gusta mucho leer, pero generalmente lo que leo son
cuestiones de ciencia, especialmente de biología. Mientras que mucha gente se
lee muchas novelas al año, yo me leo muchos libros de evolución, medio ambiente
o biología. Cada uno sus gustos, pero por ello hay grandes autores que yo no he
leído.
Uno de ellos tiene una serie muy reconocida, formada por
muchos libros. Se llama “En Busca del Tiempo Perdido”.
En el primer libro de la serie, “Por el Camino de Swann”,
hay un relato en el que se describe cómo el sabor y el aroma del pan mojado en
el té desencadenan en el protagonista, de forma involuntaria, el recuerdo de su
infancia, específicamente cuando una tía le daba a probar el mismo tipo de pan
y té.
El autor utiliza esta escena para distinguir entre la
memoria voluntaria (el esfuerzo consciente por recordar, que suele ser frío y
limitado) y la memoria involuntaria (que surge de golpe a través de un estímulo
sensorial y emocional).
El autor de “En Busca del Tiempo Perdido” se llamaba Marcel
Proust, de donde viene el nombre al efecto que comentaba anteriormente.
Bueno, pero regresando al curioso animal sobre el que
comentaba, es el ser humano, somos nosotros