viernes, agosto 21, 2026

Tiburones y rayas, mentes bajo las aguas.

Carrerita de miércoles 19 de agosto.

Carrerita de viernes 21 de agosto.

Hoy si estuvo pesada la corrida, a las 5:15 a.m. ya estábamos a más de 30°C y 74% de humedad, para mantenerme en mi zona meta de frecuencia cardiaca tuve que caminar algunos tramos. Pero, cómo siempre, lo disfrute.

Ahora me toco divagar sobre los otros peces, los peces cartilaginosos, las rayas y tiburones, los condrictios. Antes de continuar, quiero dejar algo claro: no me gusta que a los teleósteos y condrictios se les llame, a ambos, peces. Son totalmente distintos; nosotros somos más similares a un sapo del desierto que una damisela bicolor a un cazón. Los anfibios y el resto de los tetrápodos nos separamos hace unos 340 millones de años, mientras que los teleósteos y condrictios se separaron hace unos 420 millones de años. Para mí, unos son los peces y los otros son los tiburones, donde incluyo a las rayas, y lo único que tienen en común es que son vertebrados acuáticos con mandíbulas.

Bueno, aclarado el punto, hay buenos ejemplos de aprendizajes en tiburones; nuevamente, hay buenos ejemplos en el Golfo de California, por ejemplo, el Cazón Moteado (Mustelus henlei). Este es un pequeño tiburón común en bahías, esteros y aguas someras. Estos cuerpos de agua son muy dinámicos por los movimientos de corrientes, olas y mareas, que además tienen influencia sobre los sedimentos del fondo, por lo que generalmente son aguas turbias. Por ello la supervivencia no puede depender de respuestas automáticas, el cazón debe poder responder con plasticidad cognitiva a las exigencias del ambiente.

Algo que hay que entender es que los tiburones no solo dependen del olfato y la vista, pueden detectar campos electromagnéticos. Los pequeños pulsos eléctricos que generan los animales al contraer sus músculos son detectados por los tiburones. En el caso del cazón moteado, estos micro pulsos eléctricos, combinados con rastros químicos y patrones de contraste, integran “firmas” específicas no solo para detectar, sino también para identificar a los distintos animales de su entorno. Con ello aprenden a reconocer a sus presas y también a distinguir a animales desconocidos, que potencialmente pueden ser peligrosos.

Conforme va aumentando su experiencia al usar zonas de caza específicas va aumentando el catálogo de “firmas” que va reconociendo, permitiéndole hacer un uso cada vez más eficiente de su ambiente.

Otro ejemplo en el Golfo de California es la Raya Batea (Gymnura marmorata), también común en bahías someras, esteros y fondos arenosos. Está completamente adaptada para bentónica, en el fondo, tiene un cuerpo ancho y plano, en forma de rombo con una cola muy corta. Esto le permite pasar la mayor parte del día quieta en el fondo, cubierta por una delgada capa de arena que la hace prácticamente invisible. Esto no quiere decir que tenga una vida pasiva, no, es una cazadora por emboscada muy eficiente.

Al igual que en el caso del cazón moteado, y el resto de los tiburones, percibe campos electromagnéticos y con ello percibe la presencia de los moluscos, crustáceos o peces enterrados a su alrededor, pero hay algo más que percibe, en su línea lateral percibe las leves variaciones de la presión mecánica del agua. Uno podría pensar que la percepción de estas variaciones sería bastante confusa. En las aguas someras donde vive la raya batea los movimientos de corrientes, olas y mareas; las variaciones de presión del agua son muchas y variadas. Pero la raya batea aprende a filtrar el “ruido de fondo”, todas esas variaciones naturales del ambiente, para reconocer de forma precisa a las variaciones causadas por los movimientos de sus presas. La raya batea aprende a identificar las “firmas” de pulsos micro eléctricos y presiones de agua provocados por la presencia y movimiento de sus presas. Con lo que solo embiste cuando la probabilidad de éxito es muy alta.

Pero no solo recuerda la “firma” de sus presas, también memoriza las rutas de flujo y reflujo de las mareas, aprovechando la pleamar para ingresar a sus zonas de forrajeo y la bajamar para salir de ellas y no quedar atrapada en aguas muy someras donde quedaría en riesgo al disminuir el oxígeno de estas. Además, reconoce la presencia de predadores, con lo que modifica los sitios donde se entierra a descansar. Balanceando de esta manera las posibilidades de cazar y el riesgo de ser cazada.

Otro habitante común en los zonas rocosas, manglares, bahías cerradas y desembocaduras de ríos del Golfo de California es el Tiburón Limón (Negaprion brevirostris) y del cual hay estudios de aprendizaje en condiciones controladas. En estos estudios se coloca en un estanque una palanca suspendida a cierta profundidad. Cada que el tiburón movía la palanca con la punta del rostro o la boca se le entregaba un premio, una porción de pescado. Los tiburones limón aprendieron rápidamente a asociar el movimiento de la palanca con la entrega de alimento. Con esto en un estanque, cuando veían la palanca, dejaban cualquier otra actividad y se concentraban en la palanca para obtener alimento. Pero los estudios no acabaron con eso, había que ver que tanto tiempo retenían ese condicionamiento. Así que ya que tenían dominado que la palanca significaba comida se les dejó de presentar la palanca por periodos de tiempo largos, meses, incluso hasta un año. Pasado ese tiempo se les volvía a presentar la palanca y los tiburones inmediatamente comenzaron a moverla para recibir alimento. Nuevamente mostrando una capacidad cognitiva similar a la de mamíferos.

Bueno, tal vez pensarás que a fin de cuentas estamos hablando de vertebrados, que a fin de cuentas es el grupo al que pertenecemos.

Pero los invertebrados también se ha comprobado que tienen una capacidad cognitiva sorprendente. Eso quedará ara futuras corridas.