Carrerita de martes 30 de junio.
Carrerita de viernes 3 de julio.
Hoy corrí 10 km, hacía mucho que no corría esa distancia en julio, tiene años que le huyo al calor y la humedad del verano. Pero desde que cambié de estrategia y me guío por mi frecuencia cardíaca, buscando permanecer entre 132 y 144 latidos por minuto, aguanto más. No sólo eso, disfruto más.
Hoy, mientras corría, recordé la visita a Guamas de un grupo de amigos de la Ciudad de México, mis amigos desde la infancia, acompañados, algunos, de sus parejas. Uno de los días rentamos una embarcación en San Carlos para navegar por los alrededores de San Carlos y Miramar. Le pedí al encargado que nos llevara a los alrededores del Estero el Soldado, siempre hay delfines nariz de botella (Tursiops truncatus), toninas, les decimos aquí, por ahí.
Precisamente, cuando nos aproximábamos a la Playa Algodones, donde está el Estero El Soldado aparecieron los delfines, entre ocho y diez, difícil decirlo, no se estaban quietos. Comenzaron a nadar frente a la proa, afortunadamente, la embarcación era un catamarán, por lo que prácticamente todos cupimos en la orilla de la proa para disfrutar del espectáculo. Las toninas permanecieron frente a la embarcación por mucho rato, nadando a la velocidad del catamarán, realizando piruetas bajo el agua, cada vez que una tonina salía a tomar aire, todos gritábamos al unísono. La verdad es que no sé quién los estaba gozando más, las toninas o los simios. Pero de lo que estoy seguro es que las toninas disfrutaban mucho el juego. Obviamente, esto no es extraño, hay miles de historias de delfines jugando con embarcaciones, para beneficio de los dueños de embarcaciones que rentan a los turistas.
Pero esa no es la única forma en que juegan las Toninas; no requieren de la presencia de los humanos para jugar. Son animales de grupo que socializan mucho y, al hacerlo, juegan mucho. Hay muchas observaciones de toninas jugando, haciendo saltos repetidos, giros en el agua o jugando con objetos flotantes, como macroalgas o pedazos de cortezas.
En el Alto Golfo de California se da un tipo de juego muy especial. A crías y juveniles les gusta nadar velozmente en aguas muy someras, como en bancos de arena, rozando el fondo. Se les ve, también, dar saltos en esas aguas. También a los juveniles se les ve arremeter a toda velocidad hacia la orilla, arrastrando macroalgas u otros objetos flotantes, para luego usar el cuerpo como contención para evitar que los objetos se muevan fuera de las aguas someras. Este juego es interesante; algunos autores piensan que están imitando a los adultos y que con este juego están aprendiendo la técnica de pesca “varamiento intencional” (beach-feeding). Esta es una técnica de pesca que han desarrollado las toninas en los bancos del Delta del Río Colorado, donde se deslizan fuera del agua para atrapar a los peces que han acorralado contra la orilla, para luego impulsarse de regreso al mar. Esto es algo que solo se ve en el Alto Golfo de California y el juego podría estar funcionando como una forma de aprendizaje, de entrenamiento, para poderse realizar correctamente.
Las toninas no son los únicos cetáceos que juegan, fuera del Golfo de California, las hembras de Ballena Gris (Eschrichtius robustus) llegan a las lagunas costeras de la costa del Pacífico de la Península de Baja California, como Ojo de Liebre y San Ignacio, a dar a luz y cuidar a sus crías. En estas lagunas, donde las crías están en un ambiente seguro, se dan condiciones para el juego, se les ve realizando juegos y mostrando su curiosidad, sacando la cabeza para explorar el ambiente fuera del agua. Algo que a mí me tocó ver en San Ignacio es a las crías generar masas de burbujas; yo sentía que era para llamar mi atención.
Regresando al Golfo de California, otros mamíferos marinos que también son conocidos por ser juguetones son los juveniles de Lobos Marinos de California (Zalophus californianus), de los que hablamos antes. Estos animales hacen sus colonias; a las que también llamamos loberas, en islas e islotes. Para mitigar las altas temperaturas que se presentan en los veranos, los juveniles se reúnen a jugar en las pozas someras que se forman entre los riscos de las islas. Este es un ambiente ideal para jugar; lo más común es jugar a las luchas, pero con señales claras de que es un juego, como contactos de cabeza o la cara de juego, con la boca abierta. Cuando entran al mar continúan con el juego, pero ya en forma de actividad motora más intensa, en forma de giros, saltos y otras piruetas. Esto lo acompañan con soplidos de burbujas bajo el agua.
Pero no solo los mamíferos marinos de la región juegan, también los terrestres lo hacen, por ejemplo, el Borrego Cimarrón (Ovis canadensis nelsoni). Los corderos pasan mucho tiempo jugando entre ellos, haciendo corridas grupales y saltos sobre las rocas. Por medio de los juegos vigorosos, los machos se van preparando físicamente para las batallas a cabezazos que tendrán al madurar. Por su parte, en las hembras, que permanecen en el territorio donde nacen toda la vida, el juego les permite establecer lazos, con lo que se estabiliza la estructura del rebaño. En los corderos, los juegos solo se detienen cuando las condiciones del ambiente son adversas, come en sequías que provocan la falta de alimento.
Pero entre los juguetones destacan los cánidos. Por ejemplo, el coyote (Canis latrans), aquí es curioso, comienza con peleas que para nada son de juego; al principio, en la camada, se tienen que establecer jerarquías y esto lo hacen con peleas. Pero ya establecidas las jerarquías, pasan al juego, donde se dan persecuciones entre los cachorros, que se inician con un golpe de cadera, invitando al juego. También hay luchas, pero sin agresión, aquí, la invitación, la señal de que se trata de un juego, es levantar lentamente una pata delantera. Algo curioso: hay reportes de casos de coyotes jugando con perros y la señal que usa el coyote para invitar al juego es precisamente esa: levantar una pata. Pero también, en la relación que se ha visto que desarrolla el coyote con el Tejón Americano (Taxidea taxus) para establecer parejas de casa, la señal de apaciguamiento que usa el coyote es la misma. Un buen ejemplo de una señal meta comunicativa que entienden varias especies.
También el Zorro del Desierto (Vulpes macrotis) se caracteriza por sus juegos, pero aquí los cachorros prefieren jugar en las tardes, ya que el calor del desierto disminuye, y cerca de la madriguera, donde se sienten más seguros. El juego consiste en persecuciones y luchas simuladas. Este ejemplo me gusta ya que me tocó verlo. Cuando trabajaba en el Campus Guaymas del Tec de Monterrey, una gran parte del terreno del Campus nunca se desarrolló, por lo que había muchos animales que lo usaban, entre ellos una familia de zorros. Una tarde, saliendo por la parte posterior del edificio donde trabajaba, escuché unos ruidos, me acerqué con cuidado, pegado a la pared, a ver si me tocaba ver a los zorros que compañeros de trabajo decían que se veían por ahí. Tuve la fortuna de ver un par de cachorros jugando a las luchas. No fue mucho tiempo, algún ruido hice y se metieron entre la maleza. Su madriguera debe haber estado cerca de ahí.
Otro que juega es el Lobo Gris (Canis lupus), pero en este caso hay más estudios sobre su comportamiento, así que es más fácil asegurar de que se trata de juego. Los juegos son un mecanismo de cohesión en la jauría. Para esto es importante que los machos de mayor jerarquía les den a entender a los machos subordinados o a los cachorros que la interacción es un juego. Para esto, inhiben la fuerza de sus mordidas y utilizan posiciones de sumisión, como ponerse boca arriba y dejar que se les gane.
Cuando mis perros bóxer juegan, el juego comienza cuando uno de los dos se planta con las patas delanteras abiertas acercando el pecho y la cabeza al suelo; es como decirlo al otro, ¡VAMOS A JUGAR!. Pues los lobos usan la misma señal, se llama “reverencia de juego”. Con esta señal se aclara que todo se trata de un juego y, si lo piensas, no es sorprendente que lobos y perros compartan esta señal; los perros descienden de los lobos.
Hay otros mamíferos en los que también se ha estudiado su comportamiento y se ha visto que juegan, Entre ellos está el Elefante Africano (Loxodonta africana), aquí el juego es muy importante en los juveniles, y se les ve jugar mucho, correr, perseguir pájaros, chapotear en el lodo y jugar con cortezas. Estos animales son muy sensibles, se han reportado casos en los que una cría pierde a su madre, su respuesta es dejar de jugar, caer en apatía y aislarse, un estado depresivo. Se requiere de mucha labor de las otras hembras de la manada, quienes lo protegen y cuidan, cuando el infante, gracias a estos cuidados, se recupera emocionalmente vuelve a jugar.
Bueno, pero si los juegos de los lobos y los perros son similares, ¿serán los juegos en los homínidos similares?, ¿los juegos en chimpancés y bonobos serán parecidos a los nuestros?
Obviamente hay muchos estudios sobre esto. En el chimpancé (Pan troglodytes), el juego es muy importante; los jóvenes juegan mucho. En juegos comunes en los niños humanos, juegan a perseguirse, a las escondidas, se hacen cosquillas y se ríen, a su manera, con vocalizaciones jadeando. En los estudios se ha visto que al jugar sus cerebros se llenan de dopamina y endorfinas, señal clara de que lo están gozando. Por su parte, en el Bonobo (Pan paniscus), el juego es importante no solo para los juveniles, sino también para los adultos. La cohesión de la manada se basa en las relaciones entre sus miembros, el juego es un mecanismo importante para fortalecerlas y disipar tensiones y evitar conflictos.
Así que sin duda, a los mamíferos nos encanta jugar
¿Ya leíste “Historia de la Tierra, una cosmogonía personal”?
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