
Esta semana solo hice una carrera. Me salió un viaje imprevisto a Tucson y aprovechamos Rebeca y yo para ir a visitar a Emily y Guille. Tenía yo dos años que no iba para allá.
Solo fue una carrera, pero larga, de 16 km; mentí muy bien. El clima estuvo perfecto, pero al meterte a la alberca —siempre hago algo de ejercicio de estiramientos en el agua al final de las carreras— la sentí ya fresca, a 26 °C. Ahora sí parece que llegó el otoño.
La semana pasada divagaba sobre el uso de herramientas por mamíferos. Podrías pensar que esa capacidad se deriva de que su estructura nerviosa es similar a la nuestra; pero ¿qué pasa con otros animales?
Así que ahora divagué sobre las aves: ¿usarán herramientas?
Sí, y de formas muy variadas, y en nuestra región hay muy buenos ejemplos.
Comencemos con el correcaminos norteño (Geococcyx californianus). Sus presas favoritas son lagartijas, serpientes y roedores, pero también le gustan los caracoles terrestres que llega a encontrar (como Helix pomatia). El problema es que su pico está muy bien adaptado para tragar reptiles o pequeños mamíferos, pero no para romper una concha calcárea. Aquí es donde usa herramientas: busca una piedra plana, de textura lisa y que esté bien asentada, un yunque. Luego, sujetando firmemente al caracol con movimientos bruscos del cuello, lo golpea contra el yunque hasta que se rompe la concha y disfruta su carne.
Otro buen ejemplo es el carpintero del desierto de Sonora (Melanerpes uropygialis). Yo les tengo mucha simpatía porque en el cardón del desierto (Stenocereus thurberi) que tengo en mi jardín todos los años hacen nido y tienen polluelos. Los carpinteros no solo perforan cardones, también sahuaros (Carnegiea gigantea) y otros árboles de maderas blandas. Bueno, pues cuando las galerías de las larvas de escarabajos penetran en secciones densas o curvas dentro del cardón o sahuaro, fuera de su alcance, usan herramientas. Desprenden espinas o astillas de madera, las sujetan con el pico para introducirlas en esos espacios poco accesibles y así alcanzar a las larvas de escarabajo.
Otra ave que tiene una gran habilidad para usar herramientas es la garcita verde (Butorides virescens), que yo creo que se debería conocer como la garcita pescadora. Esta ave es muy común en los humedales del litoral del golfo de California. ¿Por qué digo yo que se debería llamar garcita pescadora? Por la forma en que usa herramientas. Recolecta fragmentos de vegetación, flores, semillas, frutos secos, insectos muertos o restos de basura humana. Ya que selecciona el objeto, se pone en la orilla del cuerpo de agua o sobre raíces de mangle y lo deposita en el agua. Si el objeto flota a cierta distancia, lo recupera y lo vuelve a poner cerca, donde está su rango de acción. Cuando algún pez asciende para inspeccionar o alimentarse con el objeto, la garcita despliega un ataque fulminante y lo atrapa. Es una gran pescadora y sabe qué objetos son buenos cebos.
La garcita verde no es la única ave que usa materiales como cebo para cazar. El tecolote llanero (Athene cunicularia) es una rapaz diurna que anida en madrigueras excavadas por mamíferos como perritos de la pradera o ardillas. El cebo que utiliza es muy particular: recolecta estiércol de mamíferos grandes, como caballos y reses, y lo esparce en la entrada de sus madrigueras. Ello atrae a sus presas favoritas, escarabajos estercoleros (Scarabaeidae), que pueden llegar a medir varios centímetros. De esta manera, en lugar de andar persiguiendo a sus presas, las atrae a la boca de su madriguera, algo muy eficiente.
Una de mis aves favoritas del desierto de Sonora son los cuervos, que tienen una gran habilidad cognitiva. Sin embargo, no encontré ningún reporte de uso de herramientas por ellos en el golfo de California y el desierto de Sonora, aunque fuera de la región hay bastantes ejemplos.
Probablemente el más estudiado es el cuervo de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides). Es el único animal, además de los humanos, que en vida silvestre construye ganchos. Para esto usa hojas de una planta de esa región, Pandanus. Las recorta de forma escalonada —más anchas en la base y disminuyendo hacia la punta—, de esa manera las puede manipular mejor, y aprovecha las púas de las hojas para orientarlas y que les sirvan como ganchos. Con estos ganchos extraen de las grietas o cavidades de los troncos las larvas de las que se alimentan. También usan ramas bifurcadas, esculpiéndolas con sus picos para obtener ganchos y usarlos para sacar sus presas. Algo curioso: cuervos de Nueva Caledonia en cautiverio han aprendido a usar alambres, doblándoles uno de los extremos, para construir sus ganchos. Muestran también la capacidad de usar metaherramientas, es decir, herramientas para obtener otras herramientas. Por ejemplo, usan una varilla corta, que no les permitía alcanzar el alimento, para sacar una varilla más larga que sí llegaba hasta este.
Otro ejemplo de un córvido estudiado es la grajilla europea (Corvus frugilegus). En medio silvestre no se ha observado que use herramientas, pero en cautiverio ha mostrado una gran habilidad para usarlas. Al igual que en el caso del cuervo de Nueva Caledonia, ha mostrado la habilidad de hacer ganchos con alambre para obtener alimento. En otro caso, en recipientes cilíndricos pusieron agua y en la superficie gusanos que flotaban; la forma del recipiente impedía que los cuervos alcanzaran a los gusanos con sus picos. Para resolver este problema, las grajillas comenzaron a meter piedras al cilindro para que, al desplazar su volumen, fuera subiendo la superficie del agua. Del material que tenían disponible seleccionaban las piedras más densas y desechaban materiales como el aserrín; después de introducir algunas piedras, conseguían llegar a los gusanos.
Pero no solo los córvidos muestran gran habilidad para el uso de herramientas; los psitácidos, pericos y cacatúas son muy hábiles con ellas. Una cacatúa que ha sido muy estudiada es la cacatúa golfina (Cacatua goffiniana), que habita en Indonesia. Al igual que con el cuervo de Nueva Caledonia, no hay reportes de uso de herramientas en vida silvestre, pero en cautiverio es otro caso. Se les ha visto desprender, de forma espontánea, astillas de vigas de madera para poder alcanzar nueces que estaban fuera de sus jaulas. Además, cuando se les dan distintos materiales para fabricar herramientas para alcanzar sus premios, entienden perfectamente las diferencias de los materiales y los manipulan de forma distinta: del cartón rasgan secciones, de pedazos de madera sacan astillas y el alambre lo doblan. También aprenden a usar juegos de herramientas, es decir, usan distintas herramientas para distintas funciones. Por ejemplo, ante cajas cerradas con membranas resistentes, usan herramientas cortas y puntiagudas para perforarlas y posteriormente emplean una herramienta más larga para sacar el premio. Muestran también capacidad de planeación, pues transportan ambas herramientas al ver las cajas.
Pero el siguiente ejemplo a mí me sorprendió. ¿Tú crees que solo nosotros, los humanos, construimos y usamos instrumentos musicales?
Pues déjame decirte que no; no somos los únicos.
La cacatúa de las palmas (Probosciger aterrimus) es el único animal que, en vida silvestre, construye y utiliza herramientas con fines distintos a la alimentación. Esta cacatúa habita en Nueva Guinea, las islas Aru y la península de Cabo York en Australia, y es una de las cacatúas más grandes. Tiene una de las demostraciones de cortejo y demarcación territorial más sorprendentes: los machos fabrican dos tipos de herramientas percusivas distintas, y lo hacen frente a la pareja potencial. Por un lado, hacen baquetas leñosas; cortan, usando la fuerza de su pico, una rama de tamaño considerable con tallos de hasta 3 cm de diámetro, le quitan las hojas y ramas laterales, y dejan una vara recta y rígida de 15 a 20 cm de longitud. El otro tipo de herramienta son cápsulas de semillas: buscan frutos globosos y duros de Grevillea glauca, una planta arbustiva de Nueva Guinea y el noreste de Australia, y, usando sus picos, los vacían para que tengan más resonancia y estabilidad. Los machos hacen muchas más baquetas que cápsulas, casi en proporción de nueve a uno.
Así como los humanos somos predominantemente diestros, las cacatúas son predominantemente zurdas. El macho sujeta con su pata izquierda la baqueta y golpea los troncos o las cápsulas de semilla, aprovechando su resonancia para proyectar sonidos que alcanzan más de 100 m. Estos golpes son rítmicos —unos 10 golpes sucesivos con intervalos cortos entre ellos—, y su estabilidad y métricas predecibles son comparables a percusiones musicales humanas. Además, cada macho desarrolla su propia firma acústica, variando los parámetros e inclusive los instrumentos; unos prefieren baquetas cortas y otros largas. El chiste es que las hembras y los otros machos sepan distinguirlas.
Si este ejemplo muestra que los humanos no somos los únicos que construimos y usamos herramientas musicales, el siguiente ejemplo acaba con otro mito.
No, los humanos no somos los únicos animales que hemos aprendido a usar el fuego; ya hace algunos meses te platiqué de las rapaces de Australia. Lo puedes leer aquí.
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