viernes, agosto 14, 2026

Peces, tan listos como mamíferos

Carrerita de martes 11 de agosto.

Carrerita de viernes 14 de agosto

Mientras corría pensaba en los sapos del desierto, realmente son muy listos, más de lo que piensa la gente. Pero no son los únicos que nos pueden sorprender. Los peces óseaos, los teleósteos, para mí, simplemente los peces también lo son. 

Nuevamente, hay buenos ejemplos en el Golfo de California que muestran que estos animales tampoco son sólo máquinas de instintos. Por ejemplo, los Roncadores, familia Haemulidae. Estos peces son muy comunes en zonas rocosas, arrecifales y de pastos marinos. Hacen migraciones diarias. En el día se encuentran entre las rocas o arrecifes, donde encuentran refugio y seguridad. Al atardecer se mueven hacia las praderas de pastos marinos para alimentarse, regresando a sus refugios antes de que salga el sol. Estas rutas de migración no están programadas en su comportamiento, las deben aprender y, según varíen las condiciones del medio, las modificarán para tener los mayores beneficios. Los juveniles aprenden las rutas de migración siguiendo a los adultos, formando cardúmenes. Con base en el éxito alimenticio y de protección, van reforzando este conocimiento. En experimentos de remplazo generacional, donde se van retirando gradualmente a los adultos, se ha observado que las rutas aprendidas se mantienen.

Obviamente, para poder recordar estas rutas, requieren integrar información sensorial. El Sol lo usan como una brújula, ajustando las trayectorias con base a la posición de este, pero compensando internamente cuando no está presente. También reconocen variaciones topográficas del fondo y señales químicas de las corrientes. Además, también se ha observado que los roncadores no solo saben la dirección, también la distancia y, con ellos, la velocidad a la que deben nadar para llegar al lugar que corresponde según la hora del día.

Otro buen ejemplo en el Golfo de California es la Damisela Bicolor (Stegastes partitus), un pez pequeño, de menos de 10 cm, muy territorial que defiende intensamente pequeñas parcelas en zonas rocosas o arrecifes. De la parcela que defiende reconoce visualmente cada pequeño detalle; esto es fundamental para su supervivencia, ya que sabe dónde están las grietas que le darán protección de los predadores, los lugares indicados para la puesta de huevos y los límites precisos de su territorio y dónde comienza el del vecino. Tiene un mapa visual donde ubica precisamente a todos los objetos inanimados o vivos de la parcela que defiende como propia. En experimentos se ha demostrado que estos peces tienen la capacidad de reconocer objetos novedosos, algo que durante mucho tiempo se pensó que era una característica única de los mamíferos. Las pruebas consistían en ponerles objetos en su entorno, sin ningún refuerzo. Posteriormente, se les presentaba un objeto con el que ya estuvieran familiarizados y un nuevo objeto. La damisela inmediatamente reconocía el objeto novedoso.

Pero aquí pasemos a otro ejemplo de otro pez damisela, pero de fuera del Golfo de California, la Damisela Espinosa (Acanthochromis polyacanthus), pez que habita en arrecifes del Indo-Pacífico. Una característica que tiene es que no cuenta con una fase larvaria pelágica, como la mayor parte de los peces marinos, las crías nacen en el arrecife y son ferozmente protegidas por sus padres. Por ello, para esta damisela la protección del territorio es algo fundamental. Aquí hay varios puntos a considerar, las damiselas desde que nacen viven en el mismo arrecife, es una especie monógama en donde la pareja divide equitativamente las obligaciones de cuidado de las crías, y debe poder reconocer las señales de peligro con tiempo, para poder reaccionar. Por ello es fundamental, poder generar mapas de su rango de hogar, tener una memoria social, que le permita reconocer a su pareja y a sus crías y aprender a reconocer las señales que indican la presencia de un riesgo. Así que son un buen caso para estudiar en el laboratorio. Pero lo que más llamó mi atención son las implicaciones que tienen los resultados de estos estudios con el cambio climático.

En condiciones normales, previas a la aparición de los seres humanos, en los arrecifes de coral las variaciones de temperatura del agua tendrán muy pequeñas fluctuaciones, por lo que la damisela espinosa no tiene adaptaciones para enfrentarse a cambios de la temperatura.

Bueno, pues en los estudios sobre la memoria asociativa, realizados a una temperatura normal para estos peces, 28 °C, se encontró que aprendía rápidamente a asociar señales visuales, como tarjetas de color, con la presencia de un conespecífico (refuerzo positivo), y esta asociación la mantenía por periodos de más de cinco días. Si se hacían pruebas con peces que ahora se les sometía a un ligero estrés moderado, aguas a 30. °C, la asociación con las señales visuales ocurría, pero en cinco días perdía la asociación, ya no la recordaba. ¿Qué pasaba cuando el estrés térmico era severo? Pues en pruebas de 32 °C la damisela espinosa perdía totalmente la capacidad de aprender la relación entre las tarjetas y la presencia del refuerzo positivo. Esto muestra que la capacidad de aprendizaje es algo frágil, muy ligada a la integridad fisiológica del individuo.

Así que a los peces, como a nosotros, el calor los atonta.


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