Dado que esta semana fue el primer juego de la final de fútbol de la Liga MX y, después de seis años, llegaron los Pumas, decidí cambiar la corrida larga al martes y dejar la corrida corta para el jueves. Fue buena decisión, lo vi en casa de un querido amigo, que puso una muy rica paella y me tomé algunas cervezas en el juego, así que mis condiciones para correr hoy, viernes, no eran óptimas.
El domingo nos encargaremos del Cruz Azul en el Olímpico Universitario.
Continuando con el lenguaje de otros animales. Algo que siempre me ha llamado mucho la atención es lo poco que se comenta sobre el lenguaje de los otros grandes simios. Pues resulta que tienen lenguajes, que son complejos y, cosa que no nos debe sorprender, se parecen mucho al nuestro.
Algo que se me hace importante mencionar: nuestro lenguaje acústico es algo increíble. Sin duda mucho de la evolución del ser humano como un animal cultural se debe al lenguaje hablado. Pero no lo usamos de forma exclusiva, lo usamos con un gran complemento, el lenguaje corporal.
Sí, es cierto, si escuchamos un programa de radio, donde solo escuchamos, podemos entender claramente lo que dice el que está hablando, pero es muy fácil que nos distraigamos. Pero, en cambio, ver a alguien hablando en televisión, el cine, algún conferencista, o simplemente en nuestras conversaciones cotidianas, algo que nos mantiene atentos son los acentos que se dan con las gesticulaciones y ademanes que usamos.
Bueno, además de muchos gestos que usamos sin hablar, para saludar, afirmar, mostrar apoyo o solidaridad, sorpresa. Tenemos una comunicación corporal muy completa.
En los grandes simios encontramos lo mismo: lenguajes acústicos y corporales complejos que se usan conjuntamente.
Comencemos por las vocalizaciones.
Para comenzar, tienen una gran variedad de vocalizaciones, por ejemplo, en los chimpancés (Pan troglodytes), se ha visto que tienen al menos dieciséis combinaciones, pero no solo eso, su secuencia cambia el significado.
Por ejemplo, si a la llamada que usan para alarma, que suena como HUUU (de hecho los expertos le llaman “alarma-huu”) la usan junto a la llamada de “ladrido-waa” que usan para respuestas agresivas, en ese orden, quiere decir “peligro necesito ayuda”. Los otros chimpancés se juntan y ponen atención sobre lo que causa el peligro, puede ser un predador o una serpiente, o algo que requiera tener atención sobre él.
Si se usan estas llamadas, pero cambiando el orden, ya no tienen el mismo efecto y no se causará el efecto de precaución en el grupo.
Otro aspecto observado en chimpancés es que pueden aprender y usar los llamados de otros grupos al unirse a ellos, mostrando plasticidad.
También se ha visto, en el caso de los orangutanes (Pongo sp.), que usan vocales, sonidos que se producen cuando el aire proveniente de los pulmones pasa por la laringe y la boca sin encontrar ninguna obstrucción, y consonantes, sonidos que se producen cuando el flujo de aire encuentra algún tipo de interrupción parcial o total, por lo que pueden moldear sus vocalizaciones en estructuras similares a sílabas.
Algo de destacar, ya hemos comentado anteriormente que una característica de nuestro lenguaje es la recursividad. Pues esto es algo que ya también se ha podido documentar en orangutanes. Ellos anidan ritmos dentro de otros ritmos en capas estructurales. Con lo que nuestro lenguaje pierde esa exclusividad.
Podrías pensar que la forma en que los adultos nos dirigimos a los infantes, ajustando el ritmo de la forma de hablar usando señales para favorecer la comunicación es algo exclusivo nuestro, pero no, es común que las madres de los grandes simios hagan esto con sus bebés. Y los infantes, al igual que en los ejemplos anteriores, aprenden escuchando a los adultos y a sí mismos para perfeccionar el lenguaje.
Obviamente, con todo lo mencionado, te imaginarás que también con los grandes simios vamos a encontrar dialectos.
Hay algo curioso, en los grandes simios es común utilizar otras formas de generar sonidos, distintos a vocalizaciones, para comunicarse. El usar objetos, como golpear raíces o morder hojas, y estas formas de comunicarse se transmiten culturalmente dentro del grupo estableciendo tradiciones acústicas.
No, no creas que se me olvidó lo de la comunicación corporal, lo dejé para este momento.
Existe mucha variación y diversidad, pero podemos hacer generalizaciones.
Referencia e intencionalidad. Existen muchas señas que tienen intencionalidad y se usan en forma de referencia. Señales como señalar o apuntar.
Ajustables. Las señas van a variar dependiendo del receptor del mensaje. Dependiendo de quién es el que lo esté observando, ajustan gestos e, inclusive, vocalizaciones.
Compartidas. Aquí no es que se usen por un grupo o manada, se ha visto que en miembros de una relación estrecha, como madres e hijos, se presentan señales exclusivas para los miembros de esa relación. Lo que da pie a que nuevas señales se puedan aprender y transmitir culturalmente.
Con todo esto uno se pregunta, ¿Por qué los otros homínidos no tienen un lenguaje acústico como el nuestro?
La verdad es que hay una respuesta muy sencilla, su aparato vocal no les permite tener toda la variabilidad fonética que tenemos nosotros. Por ello tienen un lenguaje variable, complejo y estructurado, pero físicamente se ven limitados para tener un lenguaje comparado al nuestro.
Pero eso nos lleva a otra pregunta, ¿si no tuvieran las limitaciones físicas, podrían tener las bases cognitivas para un lenguaje como el nuestro?
Es una pregunta interesante, yo creo que el desarrollo de nuestro lenguaje se debe a un proceso de retroalimentación evolutivo. La presencia de capacidades lingüísticas básicas de comunicación fonética estimuló el uso de vocalizaciones, variables complejas y estructurales. Esto, a su vez, estimuló el desarrollo de estructuras en el tracto respiratorio superior, lo que permitió una mayor variación en la generación de sonidos. Al tener una mayor variedad de sonidos, a su vez, estimuló el mayor desarrollo de las capacidades de comunicación lingüística. Dando lugar a un ciclo virtuoso que aquí nos tiene.
Así que esas capacidades lingüísticas básicas, ¿qué tan presentes están en nuestros parientes más cercanos?
Pues tenemos evidencias de qué mucho.
En los años sesenta nos encontramos con Washoe, una chimpancé hembra que aprendió el lenguaje de señas americano (ASL), el lenguaje que se usa en Estados Unidos para comunicarse con personas con problemas auditivos severos. Washoe aprendió a manejar 350 señas para comunicarse. Mucha gente en aquellos años se negó a aceptar esto, decía que simplemente tenía una capacidad de imitación muy grande y sus manejadores los manipulaban para que pereciera, que respondía de forma coherente. Pero la verdad es que Washoe se comunicaba e inclusive inventaba señales para referirse a objetos que veía por primera vez. Por ejemplo, la primera vez que vio un cisne se refirió a él usando dos símbolos, “Pájaro” y “Agua”, mostrando que podía generar conceptos.
Algo también sorprendente, Washoe había adoptado un bebé chimpancé, Loulis, a quien intentó enseñar ASL. Con lo que se la posibilidad de establecer tradiciones sociales.
A pesar de todo eso, mucha gente siguió tomando este caso con mucho escepticismo.
Poco después, ya en los setenta apareció un nuevo caso Koko, una gorila hembra (Gorilla gorilla). También aprendió a comunicarse por señas, pero con una versión del ASL modificada ligeramente, le llamaron lenguaje de señales gorila (GSL). Koko llegó a manejar más de 1,000 señales y entendía más de 2,000 palabras en inglés. No solo nombraba objetos, inventaba conceptos. Cuentan que cuando se enojó con uno de sus manejadores le dijo con señales “cara de escusado”. También, cuando hacía travesuras, usaba el lenguaje de señales para echarle la culpa a alguien más. Pero a mí, algo que me llama mucho la atención fue cuando murió su mascota, un gato llamado All Ball, dio a entender la pena que sentía.
Obviamente, ya con dos casos distintos el escepticismo bajó.
Posteriormente, en la segunda mitad de los setenta, se dio el caso de Chantek, un orangután (Pongo pygmaeus). Él vivió en la Universidad de Tennessee. También aprendió a usar el ASL, tenía una gran capacidad para manejar herramientas y conceptos simbólicos. Podía planificar, pedía que lo llevaran a los lugares que le gustaban. Aprendió conceptos de economía comprando o vendiendo comida y juguetes con fichas que usaban sus manejadores.
Hay una razón muy especial por la cual, de los ejemplos que te voy a platicar, Chantek es mi preferido, pero eso lo dejaré para el final.
Pasemos al último caso, a principios de los ochenta se intentaba enseñar a Matata, una hembra de bonobo (Pan paniscus), a comunicarse, pero no con señas, como en los casos anteriores, sino con lexigramas, símbolos geométricos y abstractos que no tienen un parecido físico con el objeto o la acción que representan. En la jaula de Matata siempre estaba presente su hijo adoptivo, Kanzi, observando. Matata jamás llegó a tener una comunicación efectiva, pero Kanzi aprendió espontáneamente, viendo cómo enseñaban a su madre. A mí se me ocurre que probablemente estaba en periodo receptivo para aprender lenguaje y esto lo ayudó.
Es de llamar que para este aprendizaje él jamás recibió refuerzos en forma de premios; espontáneamente comenzó a comunicarse.
Kanzi mostró una gran capacidad para comunicarse usando el tablero de lexigramas. Podía referirse a objetos o personas que no estaban presentes en ese momento. Hacía peticiones complejas, como pedir que lo llevaran al bosque a buscar algún juguete.
Pero, además, aprendió inglés, no lo hablaba, pero lo entendía a la perfección y respondía sin problemas con su tablero. Digo que aprendió inglés no solo porque entendía palabras, manejaba a la perfección la sintaxis, cuando recibía órdenes como “pon la leche en el agua” o “pon el agua en la leche”, las realizaba sin problema.
Kanzi murió en 2025, al momento en que escribo esto hace poco más de un año. Durante todos esos casi 20 años que fue estudiado dejó muchas lecciones.
Algo interesante de estos cuatro casos. No son de la misma especie, es más, tenemos gorila, chimpancé, orangután y bonobo, nuestros cuatro parientes más cercanos, los otros grandes simios. En los cuatro encontramos que sus cerebros son ya capaces de manejar las capacidades lingüísticas básicas para desarrollar un lenguaje. Es decir, los cinco tipos de grandes simios, los homínidos, ya incluyéndonos, compartimos estas capacidades.
La conclusión es que las bases básicas del lenguaje ya estaban presentes hace unos 13 millones de años, cuando existió el último ancestro común de los grandes simios.
¿Por qué Chnatek es mi preferido?
Alguna vez alguien le pidió que dijera quién era él, dio una respuesta que a mí, cada vez que la pienso, me conmueve profundamente, espero a ti también. Chantek respondió:
"SOY UNA PERSONA NARANJA"
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